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Mensaje Predicado Textual: El Poder del Espiritu Santo – Charles Spurgeon

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El Púlpito de la Capilla New Park Street
El Poder del Espíritu Santo

Sermón predicado el Domingo 17 de Junio de 1855

por Charles Haddon Spurgeon

En la Capilla New Park Street, Southwark, Londres.

“El Poder del Espíritu Santo” — Romanos 15:13
El PODER es una prerrogativa exclusiva y especial de Dios y sólo de Dios. “Dos veces he oído esto: que de Dios es el poder.” Dios es Dios, y el poder le pertenece. Aunque delegue una porción de él a Sus criaturas, sigue siendoSu poder. El sol, aunque sea “como un esposo que sale de su tálamo, que se alegra como gigante para correr el camino,” no tiene el poder para ejecutar sus movimientos sino de la manera como lo dirija Dios. Las estrellas, aunque viajan en sus órbitas y nada las puede detener, no tienen ni poder ni fuerza propios, excepto aquel que Dios les otorga diariamente. El alto arcángel que está junto a Su trono y que brilla más que un cometa resplandeciente, -aunque sea uno de aquellos que destacan en fuerza y que escucha la voz de los mandamientos de Dios- no tiene sino el poder que su Creador le da.  

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Devocional: Enjugara Dios toda lagrima de los ojos de ellos. – Por Charles Spurgeon

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Apocalipsis 21:4
Sí, esto sucederá con nosotros si somos verdaderos creyentes. El dolor cesará y nuestras lágrimas serán enjugadas. Este mundo es un valle de lágrimas, pero éstas cesarán de brotar de nuestros ojos. Habrá un cielo nuevo y una nueva tierra, así dice el primer versículo de este capítulo. Lee el versículo 2, y considera cómo habla de la esposa y de su boda. Las bodas del Cordero serán motivo de regocijo infinito y en ellas no tienen cabida las lágrimas. El versículo 3 añade que el mismo Dios morará con los hombres, y seguramente hay deleites a su diestra para siempre, y las lágrimas no caerán jamás. 

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Devocional: Al que Venciere dare a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del Paraíso de Dios. -Por Charles Spurgeon

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Apocalipsis 2:7
Nadie puede volver la espalda en la batalla, ni negarse a ir a la guerra santa. Si queremos reinar, es forzoso pelear y proseguir luchando hasta vencer a nuestros enemigos; de lo contrario, la promesa no es para nosotros, ya que sólo pertenece «al que venciere». Debemos vencer a los falsos profetas que se han introducido en el mundo y todos los males que acompañan sus enseñanzas. Debemos vencer la cobardía de nuestro corazón y la tendencia a dejar nuestro primer amor. Leed todo lo que el Espíritu dice a la Iglesia de Éfeso.
Si por gracia obtenemos la victoria, y ésta la lograremos ciertamente si seguimos a nuestro Capitán victorioso, seremos admitidos en el mismo centro del paraíso de Dios, y nos será permitido pasar por delante del querubín con su espada de fuego y llegaremos al árbol por él guardado, de cuyo fruto, quien comiere, tendrá vida eterna. De este modo escaparemos de la muerte, que fue la sentencia lanzada contra el pecado, y ganaremos la vida eterna, sello de la inocencia, y coronamiento de principios inmortales de una santidad según Dios.
Ven, alma mía, y esfuérzate. Huir del conflicto significa perder los goces del nuevo y más excelente Edén. Pelear hasta vencer es andar con Dios en el Paraíso.
TOMADO DEL LIBRO: LIBRO DE CHEQUES DEL BANCO DE LA FE

Devocional: Y él le respondió: ve porque yo estaré contigo – Por Charles Spurgeon

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Éxodo 3:12
Es evidente que si Dios confió a Moisés una comisión, no le dejaría solo. Ante el riesgo que iba a correr y la fortaleza que le era necesaria para cumplir su cometido, sería ridículo que Dios enviara un pobre hebreo para que se enfrentara con el más poderoso monarca de la tierra y le dejara solo en su empresa. No es concebible que la sabiduría de Dios opusiera un hombre débil como Moisés a Faraón con todo el poderío de Egipto. Por eso dice el Señor: «Yo estaré contigo», para darle a
entender que no iba solo.
También conmigo sucederá lo mismo. Si Dios me confía una misión, confiando plenamente en su poder y buscando únicamente su gloria, tendré la seguridad de que Él estará conmigo. Por el mero hecho de enviarme, está obligado a favorecerme. ¿No es esto suficiente? ¿Qué más puedo desear?
Aun contando con el poder de sus ángeles y arcángeles, podría sucumbir en la demanda, mas si Él está conmigo, ciertamente saldré victorioso. Lo único que se me exige es que yo obre en consecuencia con esta promesa, que no emprenda el camino con timidez, desanimado, negligente o henchido de orgullo. ¡Tal e s la conducta que debe observar una persona que tiene a Dios en su compañía! Así amparado, debo caminar con valentía y, como Moisés, presentarme sin temor delante de Faraón.

Devocional: Todo el que invocare el Nombre de Jehová será salvo – Por Charles Spurgeon

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Joel 2:32
¿Por qué no invoco su nombre? ¿Por qué recurro a mis vecinos cuando tengo tan cerca a Dios, el cual oirá mi clamor, por débil que sea? ¿Por qué me siento para forjar proyectos y formar planes? ¿Por qué no descargo todo mi peso sobre los hombros de mi Señor? La mejor manera de avanzar es ir siempre adelante en línea recta. ¿Por qué no corro ahora mismo al Dios vivo? En vano buscaré la salvación en otra parte; en Dios ciertamente la encontraré. Su real promesa es una garantía cierta de que así será.
No es preciso preguntar si puedo invocarle o no, porque la palabra «cualquiera» es suficientemente explícita. «Cualquiera» se aplica a mí, porque comprende a todos y cada uno de los que invocan a Dios. Por lo tanto, seguiré las enseñanzas de este versículo, invocando ahora mismo al glorioso Salvador que nos ha dejado una promesa tan magnífica.
Mi caso es urgente. Ignoro cómo podré ser liberado; empero esto no me preocupa. Quien ha formulado la promesa sabrá encontrar los medios para realizarla. A mí sólo me incumbe obedecer sus mandamientos, no dirigir sus consejos. Siervo suyo soy, y no abogado. Le invoco, y él me ayudará.
TOMADO DE LA WEB: LIBRO DE CHEQUES DEL BANCO DE LA FE – SPURGEON

Devocional: Dejen las Cargas en Cristo – Por Charles Spurgeon

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Venid a mí todos los que estáis
trabajados y cargados, y yo os haré
descansar.
Mateo 11:28
Quienes somos salvos encontramos descanso en Jesús; quienes no lo son alcanzarán ese descanso si a Él se acercan, ya que Dios así lo ha prometido. Nada es tan gratuito como un don; aceptemos complacidos lo que libremente nos da. No tienes necesidad de comprarlo, ni pedirlo prestado; te basta recibirlo como se recibe un don. Trabajas bajo el látigo de la ambición, de la codicia, de la pasión y la inquietud: Él te librará de tan dura esclavitud, y te hará descansar. Estás cargado, y
sobrecargado con el peso del pecado, del temor, del desasosiego, del remordimiento y del temor de la muerte; mas si acudes a Él, te librará de la carga. Él llevó sobre sí el peso abrumador de nuestros pecados, a fin de que no sucumbiésemos con Él. Se constituyó en el gran portador de cargas, para que todos los cargados dejaran de doblarse bajo tan enorme peso.
Jesús proporciona descanso. Y así es, en efecto. ¿Lo crees tú? ¿Quieres probarlo? ¿Por qué no lo intentas ahora mismo? Acude a Jesús renunciando a toda otra esperanza, pensando en Él, creyendo en el testimonio que Dios da de Jesús, y depositando en Él todos tus afanes. Si con estas disposiciones recurres a Él, el descanso que te dará será profundo, seguro, santo y eterno. Este descanso perdurará hasta tu entrada en el cielo, y dispuesto está el Señor a concedérselo a cuantos a Él se alleguen confiadamente.
TOMADO DEL LIBRO: LIBRO DE CHEQUES DEL BANCO DE LA FE

Devocional: “Al que a mí viene, no le echo fuera” Por Charles Spurgeon

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Juan 6:37
¿Hay en el Evangelio un solo caso en que veamos que Jesús rechace a quien a Él se acerca? Si lo hubiera, desearíamos saberlo; mas nunca lo hubo, ni lo habrá jamás. Ninguno de los condenados podrá jamás decir: «Vine a Jesús y me echó fuera». No es posible que tú y yo fuéramos los primeros con quienes Jesús ha quebrantado su palabra. Jamás abrigue-
mos tan mezquina sospecha.
Acerquémonos a Cristo con todos nuestros males presentes. De una cosa podemos estar ciertos: jamás nos negará la entrada, ni nos echará fuera. Quienes hemos ido muchas veces, y quienes nunca han ido, acudamos todos juntos, y comprobaremos que a nadie cierra la puerta de su gracia.
«Este a los pecadores recibe», pero a nadie rechaza. Venimos a Él con la debilidad y el pecado, con una fe vacilante, con muy poco conocimiento y con menguada esperanza, y no nos rechaza. Venimos con la oración indecisa, con la confesión incompleta, con la alabanza que no está en armonía con sus merecimientos, y, sin embargo, nos recibe. Venimos enfermos, manchados, desanimados, indignos, mas no nos echa fuera. Acudamos nuevamente a Él, hoy mismo, porque a nadie echa fuera.
TOMADO DEL LIBRO: LIBRO DE CHEQUES DEL BANCO DE LA FE – SPURGEON