Leonard Ravenhill

Cita Cristiana: Leonard Ravenhill.

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¿Cómo podrás derribar las fortalezas de Satanás si ni siquiera  tienes la fuerza para apagar tu televisor?” 
Leonard Ravenhill.
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Leonard Ravenhill:” Como va la Iglesia asi va el Mundo”

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Se necesitan hombres incandescentes para esta medianoche espiritual. En el día de Pentecostés, la llama del Dios vivo vino a ser la llama de un grupo de corazones humanos. La Iglesia empezó con aquellos hombres y mujeres en el «aposento alto» entregados a la oración ardiente, y hoy día está terminando con hombres y mujeres en el salón de fiestas de encima de la iglesia organizando despertamientos artificiales. La Iglesia empezó con un despertamiento y está terminando con un ritual.
Empezamos de un modo viril, estamos terminando en la esterilidad. Los primeros miembros de la
Iglesia eran hombres ardientes y no grandes graduados. Hoy día hay muchos grados de ciencia y pocos de calor. ¡Ah, hermanos!; ¡hombres con corazones de llama son la necesidad del presente!
Los hombres de Dios necesitan ser columnas de fuego:
hombres guiados por Dios para guiar un pueblo mal dirigido. Pablos apasionados para levantar a tímidos Timoteos. Hombres de llama para brillar y encender a hombres de renombre, ganándolos para Cristo. Necesitamos hombres de oración para dirigir noches de oración. Necesitamos verdaderos profetas para advertir a las gentes de sus malos negocios, pues: «¿De qué aprovechará el hombre que ganare todo el mundo y perdiere su alma?» (Marcos 8:36).
En este tiempo del fin la actitud infantil de muchas conferencias de predicadores es una tragedia. El grito debería ser: «Tocad trompeta en Sión, santificad un ayuno, llamad a una solemne convocatoria para que los predicadores, los ministros del Señor, lloren» (Joel 2:15.17).
Comparado con un corazón que ha conocido el fuego del Señor y ha permitido que este fuego se apague, los picos helados de los Alpes son cálidos. El metal solamente se funde cuando el fuego arde; quitad el fuego y el metal será sólido. Así es con el corazón humano: sin el calor del cielo es un iceberg.
Si el Espíritu Santo está ausente del estudio del predicador, viene éste a convertirse en un laboratorio de doctrinas disecadas y dogmas sin vida. La enseñanza necesita unción, la verdad debe ser cortante, y el consuelo hiriente.
Hombres inspirados son una extremada necesidad. Los creyentes engendrados del Espíritu Santo son indispensables para esta degenerada generación. La galerna de iniquidad del tiempo del fin muy pronto apagará la llama humana; como una caña seca se rompe ante la tempestad, así se apagarán en este tiempo las débiles candelas del sectarismo carnal. Por el momento, tenemos los vientos que preceden a una gran tempestad, con las falsas religiones que invaden el mundo y los tibios cristianos incapaces de resistirlos. Advertidos de los fuegos falsos por hombres sin fuego, lo que hacemos al final es quedarnos fríos, incapaces de descubrir lo que es de la carne y lo que es del Espíritu. Los religionistas de este tiempo están levantando una nueva bandera de espiritualidad, de jactanciosa espiritualidad. Lo bueno otra vez ha venido a ser enemigo de lo mejor. (El que lea, entienda.) ¡Sonad la alarma! El conflicto se hace cada vez más agudo. Esta es la noche de gran confusión. ¡Dios ayude a las naciones arruinadas por religiones humanas, maldecidas con cultos humanos y encaminadas al abismo por doctrinas amañadas por los hombres! ¿Ha habido jamás una hora peor que ésta? Reiterados esfuerzos es el precio que tenemos que pagar al progreso.
Así como va la Iglesia va el mundo. Silos vigías duermen, el enemigo toma la ciudad. El predicador debería dedicar por lo menos un día a la semana a preparar sus sermones, y otro día a preparar al predicador para predicar los sermones preparados. La inspiración es tan misteriosa como la vida, pues ambas son dadas por Dios. La vida engendra vida por su propia naturaleza, del mismo modo que los hombres inspirados inspiran.
Necesitamos Josués para llevar al pueblo del Señor a la tierra prometida de la vida llena del Espíritu.
Como Israel, hemos escapado de Egipto y de Faraón (que en nuestro caso es Satanás), pero hemos fallado en CadesBarnea. Lo que debería ser una piedra de memoria se ha convertido en una piedra de tropiezo; lo que debería ser una entrada se ha convertido en un fin de ruta.
Cantamos: «La ciega incredulidad yerra el camino y no puede comprender las obras de Dios.» ¿Y nosotros qué? ¿Hemos salido nosotros del mundo y vamos vagando sin entrar a poseer las riquezas de Canaán?
¡Pensadlo! Por cuarenta años aquel pueblo escogido no tuvo milagros ni respuestas a la oración — nada más que fallecimientos en su lento vagar por el desierto—, y todo a causa de su incredulidad. «Los gigantes son demasiado grandes para nosotros!», fue su clamor (Números 13:
17-23). Hoy día nuestro clamor es: ¡Mirad el poder de este u otro movimiento social, medid la
fortaleza de aquel otro! Nuestra respuesta debería ser: «Señor, abre sus ojos» (2 Reyes 6:17). «¿Se ha acortado el brazo del Señor para salvar?» (Isaías 59:1). ¿Le consideraremos tan sólo como el Dios del pasado, el Dios de la profecía, pero no el Dios del presente?
El sermón de Pedro en Pentecostés fue tan inquiridor como agudo. La verdad se hizo viva: «Esto es lo que fue dicho por el profeta Joel» (Hechos 2:16). El inspirado escritor halló que «la Palabra del Señor tenía un nuevo filo para los corazones de los oyentes».
Los hombres están diciendo siempre que en estos días de prueba el pueblo cristiano necesita
consuelo. De acuerdo, muchos necesitan consuelo: los enfermos, los tristes, los doloridos. Sin embargo, no podemos dejar de comprender que guardar silencio cuando una casa está ardiendo es criminal. No es ninguna ayuda ni consuelo dejar al vecino dormir mientras vemos a un criminal entrar por la puerta con una pistola. En esta hora jamás exageraremos la figura del peligro que el mundo corre.
Ante los hombres de paja de nuestros días que se burlan de la sangre de Cristo, de la fe en su
encarnación, del fuego del infierno, ¿callaremos? Hacer esto nos haría culpables como los que vieron las legiones de César avanzar sin sonar la alarma. Las estacas son altas, pero el premio y la recompensa lo son también.
Algunos declaran que Patrick Henry hizo más en América para preparar el camino a la libertad que ningún otro hombre en la historia. Oíd su apasionado discurso en la Convención de Virginia el 23 de marzo de 1775: «LEs la vida tan querida o la paz tan dulce que tenga que ser comprada al precio de cadenas y esclavitud? ¡Que el Dios todopoderoso lo impida! Sé que no hay otro camino a tomar, pero para mí ¡dadme la libertad o la muerte!» ¿Podían Catón o Demóstenes sobrepasar esta joya oratoria?
¿Podemos nosotros traducirla a nuestro caso?
La terrible esclavitud que existe hoy en gran parte del mundo y amenaza al resto de la humanidad, no es un cuento. Aunque un sistema ateo pudiera conquistar el mundo (por terrible e inimaginable que pueda ser) hay para el hijo de Dios un peligro mucho mayor: la eternidad, para ‘los no arrepentidos, en un infierno eterno.
Quizá deberíamos aplicar las palabras de Patrick Henry en esta forma: «Es la carrera de la vida tan amable y las comodidades del hogar tan apetecibles para ser comprados con mi infidelidad y mis ojos secos sin oración? En el día final, ¿tendrán que acusarme los millones que perezcan, de mi materialismo, adornado con un os pocos textos de las Sagradas Escrituras?»
¡Que el Dios Todopoderoso lo impida! Yo no sé qué camino van otros a tomar, pero en cuanto a mi, digo: Dame un despertamiento en mi alma, en mi iglesia y en mi nación, o DAME LA MUERTE.

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¡Dame hijos o me muero! -Por Leonard Ravenhill

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El despertamiento es imperioso para detener las puertas del infierno, abiertas como nunca en esta generación.
Necesitamos y decimos que queremos despertamiento. Sin embargo, los cristianos pulcros y superficiales del presente quisiéramos el Cielo abierto y el despertamiento realizado por el procedimiento cómodo de las máquinas que llamamos tragaperras. Pero Dios no ha mecanizado su glorioso poder para adaptarlo al embrague de la maquinaria religiosa de nuestros días.
«Deseamos que venga el despertamiento a nosotros como vino en las Nuevas Hébridas», dijo hace poco un pastor. Pero, ¡hermanos!, el despertamiento no vino a las islas del Pacífico con sólo desearlo.
Los cielos fueron abiertos y el gran poder de Dios sacudió aquellas islas porque, «frágiles hijos del polvo…, se santificaron con ayuno y convocaron una solemne asamblea» y esperaron con lágrimas, sin cansarse en sus esfuerzos ante el trono del Dios vivo. Vino aquel gran engendramiento espiritual porque Aquel que buscó una virgen pura para engendrar su Santo Hijo, halló un pueblo de virginal pureza en sus almas. Almas de visión y pasión ardiente, no tenían ningún doble motivo al orar. No había en ellos la necesidad de salvar la cara a alguna denominación decayente. Su ojo era Dios. No les movía la envidia de otro grupo de cristianos que les sobrepasara en crecimiento, sino que estaban celosos solamente por Jehavá de los ejércitos, «cuya gloria estaba en el polvo, las murallas arruinadas y las puertas quemadas con fuego».
Para atraer el derramamiento del Espíritu Santo, una iglesia fundamentalista, asentada en la Biblia, no es motivo suficiente. Existen millones de iglesias así en el mundo. Una señorita y un joven de diecisiete años pueden ser aptos para ser padres, y hasta pueden estar casados legalmente, pero ¿hace esto imperativo el engendrar? ¿Tendrán seguridad financiera para cubrir totalmente los gastos? ¿Son maduros mentalmente para educar a sus hijos? El despertamiento moriría en una semana en muchas de nuestras iglesias «bíblicas», pues ¿dónde están las madres en Israel para cuidar a los recién nacidos?
¿Cuántos de nuestros creyentes son realmente capaces para traer un alma de las tinieblas a la plena luz de Cristo? Sería tan lamentable tener nacimientos espirituales en la presente condición de algunas de estas iglesias como poner un bebé en manos de un retrasado mental.
El nacimiento de un hijo natural es precedido por meses molestia y trabajo. Así es el nacimiento de un hijo espiritual. Jesús oró por su Iglesia, pero para lograr su nacimiento espiritual se dio a Sí mismo a la muerte. Pablo oraba «noche y día.., con vehemencia» por la iglesia, y además «estaba de parto» por los pecadores. «Cuando Sion estuvo de parto engendró hijos», leemos en el Antiguo Testamento.
Aun cuando los predicadores claman semana tras semana: «Tenéis que nacer otra vez», ¿cuántos de los actuales predicadores pueden decir con Pablo: «Aunque tuviereis diez mil ayos en Cristo, no tenéis muchos padres, pues yo os engendré en Cristo Jesús por la palabra verdadera del Evangelio»? El les dio a luz. No dice simplemente que oró por ellos, sino que los hizo nacer con esfuerzo similar al de una madre que da a luz hijos. Si durante el último siglo los alumbramientos físicos hubieran sido tan escasos como los nacimientos espirituales, la raza humana casi se habría extinguido. Tenemos que orar para vivir la vida cristiana, decimos: pero la verdad es que debemos vivir la vida cristiana para orar de veras.
«Si estuviereis en Mí. ., pedid> (o sea, orad). Ya sé que pedir incluye solicitar a Dios la salvación de nuestros amados. Pero orar es más que pedir. Orar es ponernos a nosotros mismos bajo el dominio del Espíritu Santo a fin de que El pueda obrar en y por nosotros aquello que le pedimos: 
En el primer capitulo del Génesis vemos que cada cosa creada con vida produce fruto según su especie. Del mismo modo, las almas realmente regeneradas deben producir otros regenerados.
A los evangelistas se nos atribuyen muchos éxitos que no son realmente nuestros. Hay una mujer en Irlanda que ora horas. enteras. Cada día ora por este pobre «martillo de Dios» que escribe estas líneas.
Muchos cristianos me han dicho: «No pasa ningún día que no ore por usted> Estos cristianos han engendrado muchas almas que se me atribuyen a mí, mientras que yo no soy sino la comadrona de tales nacimientos espirituales. A veces pienso que los predicadores que más atraen los ojos del público serán los menos recompensados. Por ejemplo, conozco predicadores que predican hoy sermones que predicaron veinte años atrás, los cuales antes fueron fructíferos y hoy no. ¿Por qué? Estos predicadores oraban años atrás, hoy apenas lo hacen. Uno me dijo: «Es cierto, hermano, que ahora no oro tanto como lo hacia antes, pero el Señor ya lo comprende.» ¡Ah!, sí, El comprende, pero no nos excusa por estar más ocupados que lo que El quiere que estemos.
Es verdad que la ciencia ha aliviado algunos de los sufrimientos de nuestras madres al dar hijos al mundo, pero la ciencia nunca podrá suprimir los largos meses de embarazo. Del mismo modo, nosotros los predicadores hemos hallado medios fáciles de conseguir que la gente se levante para aceptar a Cristo, o que demuestren sus deseos de ser llenos del Espíritu Santo. Se dice a la gente que sólo levanten el brazo, y que lo hagan pronto. Los gemidos de arrepentimiento al pie del altar han sido eliminados. Para ser llenos del Espíritu Santo —se dice a la gente—, poneos tan sólo de pie donde estáis y el evangelista orará por vosotros y seréis llenos. ¡Qué vergüenza! Hermano, antes de que tenga lugar el milagro del verdadero avivamiento y el nuevo nacimiento de almas, son necesarios los dolores de parto.
La venida de un bebé al mundo transforma el cuerpo de la madre. Así el crecimiento del cuerpo de un avivamiento transforma la iglesia. La futura madre se siente más y más pesada a medida que se acerca el tiempo del nacimiento. A menudo pasando horas de desvelo, pero no noches sin lágrimas, en el terreno espiritual, las lámparas del santuario han de quemar a medianoche mientras angustiados intercesores derraman sus almas por las necesidades de la nación. La futura madre, a menudo, pierde el deseo de comer, y por amor al que ha de nacer se niega ciertas cosas. La negación de comida y un amor que consume se apodera de los creyentes, que se avergüenzan de la esterilidad de la iglesia. Cuando las mujeres están embarazadas se ocultan de las miradas públicas. (Así, por lo menos, lo solían hacer.) Del mismo modo, en el terreno espiritual, cuando se acerca el despertamiento los que han de dar a luz nuevas almas se ocultan de la publicidad y buscan el rostro del Dios santo.
Es evidente que Jacob amaba a Raquel más que a Lea:
sin embargo, la mujer preferida era Lea, porque le había dado hijos. Considerad cómo Jacob sirvió 14 años por Raquel; sin embargo, aquella espléndida devoción no fue ningún consuelo para la mujer herida de esterilidad. Sin duda, Jacob demostró su amor cargándola de joyas como era costumbre en aquellos días; pero las fruslerías externas no la consolaban, y aunque Raquel era hermosa de vista, su esterilidad no hallaba compensaciones en su hermosura o en la admiración de otros. La terrible verdad era que Lea tenía cuatro sonrientes niños alrededor de sus faldas, pero de la estéril Raquel se burlaban hombres y mujeres. Puedo imaginarme a Raquel con los ojos rojos de llorar, más que los de Lea, y con su cabello desordenado, desesperada por su esterilidad, clamando con un gritó penetrante: «Dame hijos o me muero!» (Génesis 30:1). Este grito hería el corazón de Jacob más que una espada clavada en su carne.
Para espiritualizar esto diremos que su oración no era de rutina, sino de desespero, pues había sido herida de dolor, llena de vergüenza y humillada por su esterilidad.
Predicador, si tu alma es estéril, si las lágrimas están ausentes de tus ojos, si los convertidos están ausentes de tu púlpito, no te conformes con tu popularidad, rehúsa el consuelo de tus títulos o de los libros que hayas escrito. Sinceramente, apasionadamente, invita al- Espíritu Santo a inundar tu corazón de dolor porque eres espiritualmente incapaz de traer hijos espirituales. ¡Oh el reproche de nuestros altares estériles! ¿Crees que el Espíritu Santo se deleita en nuestros órganos eléctricos, nuestros pasillos alfombrados y nuevas decoraciones, si los altares están vacíos? ¡De ningún modo! ¡Oh, que el silencio de muerte del santuario pueda ser roto por el bendito grito de recién nacidos a la vida espiritual!
No hay reglas fijas para el despertamiento. Aunque los bebés nacen en todas partes por el mismo proceso, ¡ cuán diferentes son entre sí! ¡ No hay copias exactas! Por el mismo proceso de dolor del alma y rendida oración  a causa de la esterilidad es que se han producido todos los despertamientos en todas las edades. Pero ¡ cuán diferentes han sido tales despertamientos!
A Jonathan Edwards no le faltaban congregaciones, y no tenía apuros financieros, pero el estancamiento espiritual le aterrorizaba. La vergüenza de la derrota en cuanto a conversiones es lo que doblegó sus rodillas e hirió su espíritu de tal modo que estuvo sollozando en silencio ante el Trono de Misericordia hasta que el Espíritu Santo vino sobre él. La Iglesia y el mundo conocen la respuesta de sus victoriosas velas. Los votos que hizo, las lágrimas que derramó, los gritos que salieron de su boca, todo está escrito en el libro las Crónicas de las cosas de Dios. Del mismo modo, Zinzendorf, Wesley, etc., que fueron sus parientes espirituales, pues hay una aristocracia del Espíritu como la hay de la carne.
Tales hombres despreciaron los honores de familia y buscaron tan sólo ser honrados por el Espíritu Santo.
Las historias políticas y militares cuentan con grandes individuos. La historia está tapizada con nombres de hombres que se invistieron de poder de una manera u otra, hasta el – punto de hacer temblar al mundo. Pensad en el genio maléfico de Hitler. ¡Cuántos reyes destronó, cuántos gobiernos derribé, cuántos millones de tumbas llené! Fue, en nuestra edad, un azote mayor que las diez plagas de Egipto.
La Biblia dice que en los últimos días, cuando los hombres obrarán impiamente, <el pueblo que conoce a su Dios se levantará y hará heroísmos». No son aquellos que cantan acerca de Dios ni los que escriben y predican acerca de Dios, sino los que conocen a su Dios, los que —serán fuertes para realizar cosas heroicas. El hablar acerca de comida no llena el estómago, ni el hablar de ciencia hace sabios: ni el hablar de las cosas de Dios significa que las energías del Espíritu Santo están en nosotros. Hacemos bien en señalar el hecho de que el despertamiento viene como resultado de una sección de la iglesia limpia, humillada e inclinada con súplicas de intercesión. En vista de la edad presente, llena de falsas religiones y herida con la visión de millones de almas que perecen, vale la pena que los suplicantes esperen días, semanas, hasta meses, que el Espíritu se mueva y los cielos se abran con un bendito despertamiento.
Las mujeres de la Biblia que habían sido estériles fueron las que trajeron hijos más nobles. Sara, estéril hasta los 90 años, engendró a Isaac. Raquel, cuyo doloroso grito: «Dame hijos o me muero!», fue atendido, engendró a José, quien libré la nación. La mujer de Manoa dio a luz a Sansón, otro libertador de su patria. Ana, una — mujer quebrantada, que sollozaba en el santuario y hacía votos en una oración incesante que causó, por ignorancia, el reproche de Elí, estaba derramando su alma ante Dios ¡ y recibió como respuesta a Samuel, que vino a ser el gran profeta de Israel. La estéril viuda, Ruth, hallé misericordia y dio a luz a Obed, quien engendró a Jessé, el padre de David, de cuya descendencia vino nuestro Salvador. De Elisabet, estéril por muchos años, vino Juan el bautista, de quien dijo Jesús mismo que no ha habido otro profeta más grande entre los nacidos de mujer. Si la vergüenza de la esterilidad se hubiese apoderado de estas mujeres, ¡ qué hombres más poderosos habría perdido la historia!
Como el niño concebido da pronto señales de vida saltando dentro del seno de la madre, así es con el despertamiento. En el siglo xvi, Knox parodié el grito de Raquel:
« ¡ Dame Escocia o me muero! » Knox murió; pero mientras Escocia viva le recordará. Zinzendorf tuvo un gran dolor y vergüenza por el estado infructífero y sin amor de los moravos. 0r6 ardientemente hasta que el Espíritu Santo trajo de repente un gran despertamiento. El día 13 de agosto de 1737, a las 11 de la mañana, empezó el despertamiento moravo en una reunión de oración que ha durado doscientos años, pues de aquella reunión vino un movimiento misionero que ha alcanzado los fines de la tierra.
La Iglesia de nuestros días debería estar embarazada de apasionada propagación, mientras qué lo que está es embarazada con una débil e ineficaz propaganda. Sin duda, los métodos de dar a luz han cambiado con los adelantos de la ciencia; pero decimos otra vez que la ciencia y nuestros bien apreciados doctores no pueden evitar los nueve meses de embarazo. Hermanos, estamos perdidos por falta del elemento tiempo. El predicador y la iglesia demasiado ocupados para orar, están más ocupados que lo que el Señor quiere. Si se entregaran a la oración a tiempo, tendrían almas en el tiempo. Si reconocemos nuestra impotencia espiritual e invocamos su nombre, El hará brillar nuestra luz como la luz del día. La iglesia tiene montones de consejeros, pero ¿dónde están los intercesores hasta la agonía?
Las iglesias que se alaban siempre de sus grandes auditorios tienen que admitir su bajo nivel en cuanto a nacimientos espirituales. Podemos acrecentar nuestras iglesias sin acrecentar el Reino de Dios. Conozco una familia en la cual todos los hijos son adoptados, y muchos de nosotros, los predicadores, tenemos más hijos adoptivos que naturales. El enemigo de la multiplicación es el estancamiento. Cuando los creyentes a los cuales faltan nacimientos se sientan apesadumbrados y la esterilidad espiritual nos abrume, latiremos con santo temor y oraremos con santo fervor y se producirá fertilidad santa. En el despacho de Dios no hay días de pago, pues el precio del despertamiento es siempre el mismo: dolor de parto.
Seguramente esta raza arruinada requiere un despertamiento. Estoy totalmente persuadido de que hay quienes en las horas de insomnio de la noche, pensando en su esterilidad espiritual, se apoyan en la soberanía de Dios diciendo: «Cuándo El quiera darnos un despertamiento, él despertamiento vendrá.»
Esto es tan sólo media verdad. ¿Queréis decir que Dios está complacido de que 83 personas por minuto mueran sin Cristo. ¿Habéis descendido a creer que el Señor quiere que muchos perezcan? ¿Os atreveréis a decir —lo que me parece una blasfemia— que cuando Dios decida levantar su pie y esparcir a sus enemigos vendrá la visitación? De ningún modo. Citad un versículo parcialmente y haréis decir a la Biblia lo que queráis: por ejemplo: «Dios es poderoso para hacer, abundantemente, más de lo que pedimos o entendemos», pero se paran aquí, en «Dios es poderoso para hacer», y no se preocupan del resto del versículo. Este versículo, mal citado, deja la falta de despertamiento en las gradas del trono de Dios;
pero terminad el texto: «El es poderoso para hacer según el poder que obra en nosotros.» Así termina el versículo, y significa que el canal para el despertamiento puede estar bloqueado. Significa que Dios no puede hacer en esta edad lo que hizo en otras, a causa de la falta de poder que hay en la iglesia. La falta de despertamiento es nuestra falta.
Finney dijo: «Dios está dispuesto a enviarnos un despertamiento, y podemos tenerlo según el poder que obra en nosotros.» La promesa es: «Recibiréis poder del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros.»
Este no es poder simplemente para hacer milagros, pues antes de Pentecostés los discípulos hicieron milagros, recordad que echaron demonios. No es solamente poder para organizar, poder para predicar, poder para traducir las Escrituras, poder para entrar en nuevos territorios. . – Todo esto es bueno, pero ¿tenemos poder del Espíritu Santo para derribar las fortalezas del diablo y obtener las promesas de Dios?
Delincuentes amados serán condenados si no han sido librados del dominio del diablo. El infierno no tiene otra cosa peor a temer que una iglesia ungida con el poder de la oración.
Queridos hermanos, desechemos todas las nimiedades, olvidémonos de los distintivos denominacionales y entreguémonos a oración continua y al ministerio de la Palabra, «pues la fe viene por el oír». Avergonzados por la impotencia de la Iglesia, entreguémonos a nosotros mismos a la oración continua y al ministerio de la Palabra, «pues la fe viene por el oír». Doloridos por el monopolio que el diablo tiene sobre las almas, gritemos con espíritus torturados, y digámoslo de verdad: «Dame hijos o me muero!» Amén.

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Leonard Ravenhill: El Edificador de un Imperio para Dios.

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Si Saulo hubiese encontrado un buen predicador y oído un buen sermón en el camino de Damasco, puede que lo hubiera olvidado pronto. Pero encontró a Cristo. (Se puede evitar a los predicadores y los sermones, pero nadie puede escapar de Cristo.) Desde aquel día la filosofía de la vida de Pablo halló a aquel que es la Vida misma. Este zelote, que vomitaba fuego contra los cristianos, halló al Señor, que le bautizó con fuego, y, como resultado del cambio que se operé en el joven Saulo, la civilización de sus días cambió de rumbo. (¡Oh, si quisieras hacer lo mismo, Señor, hoy día!) Pero notad que el que era a sus propios ojos un fariseo intachable, fiel guardador de la ley, empezó a llamarse el primero de los pecadores a los ojos de Dios. No es extraño, pues él era para la recién nacida Iglesia cristiana lo que Herodes a los recién nacidos de Belén y a Cristo niño.
El hombre que ha tenido una experiencia de Dios nunca depende de argumentos o experiencias de otros. Lo que cuesta es lo que se aprecia. Pablo no hizo un experimento, sino una experiencia. Su encuentro con el Santo de los santos, aquel día, no sólo fue aterrorizador, sino transformador. Tuvo una visión del Señor que le dejó ciego (una luz más brillante que la del sol al mediodía). Desde entonces, Pablo, aunque recobró la vista física, quedó ciego a los honores y glorias humanas. No me honrarán a mí los que no te honran a ti», dijo F. B. H. Meyer.) Su encuentro con Cristo quitó repentinamente a Saulo su sudo de dominio intelectual y empezó a viajar como un mendigo de Cristo. No sin antes haber tenido una nueva experiencia con Dios en el desierto de Arabia (acerca de la cual no se atrevía a hablar).
Y, de alguna manera, este edificador de imperios para Cristo, con su colosal intelecto y sus notables títulos, aceptó al Señor, no sólo como sustitución de lo antiguo, sino para identificarse con El. «Yo morí» (en El). Esta es su declaración (que todos hacemos de labios). Pero Pablo afirma triunfalmente: «Y ahora vive El en mí.» Piénsalo bien. Si hicieras una declaración como ésta, ¿no se burlarían de ti los amigos? Pero este nuevo Sansón arrancó con goznes y todo las macizas puertas de la Historia y, como en el antiguo mito griego, cambié el curso de los ríos para limpiar los establos de la corrupción del mundo antiguo. ¡Bendito hombre de Dios!
Habiendo hallado la paz con Dios, Pablo declaró la guerra a todo lo que no es de Dios. Cautivó la «inteligencia» de los atenienses con los dulces sones de la lira del Evangelio y terminó su concierto haciendo sonar la aguda trompeta de la resurrección y del juicio.
¿Qué hizo a este hombre burlarse de los clamores de la turba pagana en Efeso? ¿Por qué está dispuesta a morir cada día? ¿Cuál es el secreto de la fortaleza que revela su esbozo biográfico de 2 Corintios 11? ¿Qué es lo que le capacitaba para sobrellevar su tremenda carga? Por raro e incomprensible que parezca no se recata de decirlo en Gálatas 2:20. Pensadlo bien: No declara su fe en el nacimiento virginal de Cristo, ni en su resurrección corporal de entre los muertos —por supuesto que Pablo creía todo esto—, pero el secreto de su fortaleza y de su éxito no dependía de su fe ortodoxa, sino de que «Cristo vive en mi>. De la profundidad de su depravación personal (<No soy yo sino el pecado que mora en mi» —Romanos 7:17—) sube a la cumbre de la espiritualidad (<No ya yo, mas Cristo vive en mi» —Gálatas 2:20—). ¡Precioso cambio de vida!
Pablo era una vida ejemplar. No era un letrero guiador, no un guía: «Lo que habéis oído y visto en mí» (Filipenses 4:9). El era, de cierto, una epístola «viva».
La vida de Pablo fue excepcional: ¿Seria alguien tan ¡tonto hasta el punto de decir que nuestra abnegación es como la de él? ¿No deberíamos escribir, al revés que él: <todos buscamos lo nuestro propio»? Fue excepcional porque fundó tantas iglesias y escribió tantas epístolas, pero leed el resumen de su propia vida en 2Corintios 11. ¿Está tratando de contarse entre los mártires o de clasificarse entre los santos? De ningún modo. Su posición, sus títulos y privilegios son contados como estiércol, con tal de ganar a Cristo y, por su obediencia, ser hallado en El. Fue excepcional en sufrimientos, los cuales padeció, generalmente, por voluntad de otros; pero también en la oración, por su propia voluntad. Si hubiese más cristianos fuertes en oración, habría más dispuestas a sufrir. La oración desarrolla huesos juntamente con gemidos, tendones a la vez que santidad, fortaleza al par que fuego.
Pablo llama a Dios por testigo de que quería ser anatema en favor de sus hermanos (Romanos 9:3).
Madame Guyon oró casi de un modo idéntico. Brainerd y Juan Nox eran «hombres de iguales pasiones que nosotros». ¿Cuándo o dónde, hermano, se oyen oraciones semejantes a éstas en nuestras reuniones de oración? No podemos tener grandes resultados de oraciones pequeñas. La ley de la oración es semejante a la de la cosecha. «El que siembra escasamente, escasamente también segará, y quien siembra abundantemente, segará con abundancia.» El problema está en que queremos segar lo que no sembramos.
Pablo tenía una vida expansiva. Muchos de nosotros, ¡ay!, buscamos los restos de la obra de cualquier otro ministro. Pero Pablo no edificaba sobre el fundamento de otro (l Cor. 3:10). Su cerebro no estaba encallado en ningún dogma específico, no era una máquina eclesiástica desmenuzando materias metafísicas. No empleó horas especulando sobre el significado de la imagen de Daniel. No se enterraba en un laboratorio diseñando la verdad y poniendo marcas de fábrica a cápsulas teológicas, ni complaciéndose a si mismo con su habilidad de encontrar palabras atinadas para futuros credos. La razón de todo ello es clara como el mediodía.
Pablo no escribió una «Vida de Cristo», la demostró con su declaración: «A todos soy deudor» (Romanos 1:14). Y dedicó enteramente su vida, por todos los medios posibles, a pagar esta deuda. Esto podía costarle prisión, pero consideraba que era mejor ser «un prisionero» del Señor por unos pocos dias que permitir que sus contemporáneos tuviesen que ser prisioneros del diablo en el infierno para siempre.
Pablo se entregó enteramente a una completa y costosa consagración. «De aquí en adelante que nadie me conturbe» (Gál. 6:17). ¿Qué quería decir con esto? Que había consagrado de tal modo su vida a Cristo que no tenía tiempo ni voluntad para nada más. Cada latido de su corazón, cada pensamiento de su mente, cada paso de sus pies y cada anhelo de su alma eran para Cristo y la salvación de los hombres.
Alborotaba sinagogas y tenía despertamientos o tumultos, una cosa u otra, y a veces ambas. (Nosotros parece que no tenemos ni lo uno ni lo otro.)
Aun cuando su propio grupo de colaboradores le abandonan —Todos me han dejado» (2 Tim. 4:16)
—, él confió en «los brazos eternos» y fue adelante. Escapó de la muerte, pero su pan diario era su muerte diaria. «Cada día muero» (1 Corintios 15:21). ¡Magnífica desgracia la suya!
Pero los frutos del Espíritu están en el apóstol Pablo; los dones del Espíritu obraban en él. Dirigió el despertamiento de toda una ciudad ¡mientras trabajaba cosiendo tiendas para pagar los gastos!
Hermanos predicadores: ¿No tenemos corazones de gallina, todos nosotros, al lado del de Pablo? A veces padecía hambre, pero en otras ocasiones, cuando tenía abundancia, ayunaba voluntariamente.
Deseaba bendiciones para todos, pero en cuanto a sí mismo quería ser anatema. Con su vida revolucionaria y su teología alborotadora, este «espectáculo a los hombre», lleno del Espíritu Santo, era la contrapartida de los actuales fanáticos de la religión política del régimen ateo. Gente consumida por el fuego interior del Espíritu Santo son la única contrapartida eficaz de los caídos humanos, tan destrozados moralmente como el átomo que han logrado desintegrar y con el cual son capaces de desatar las fuerzas que destruirían la tierra.
Pablo, transformado y listo para ser pronto trasladado a otro mundo mejor, desea tener sucesores idénticos a su modo de ser. Oídle afirmar delante del rey Agripa: «Quisiera Dios que, no sólo tú, sino
todos los que me escuchan, fuesen hechos como yo soy, excepto estas cadenas.» No dice que todos pudiesen fundar tantas iglesias y escribir como él lo había hecho. No dice: Como «yo hice», sino como
«yo soy» (12 Corintios 7:7). Y esto es bien posible. El mismo Espíritu Santo que llenó a Pablo puede llenarnos a nosotros de modo que nosotros, como él, podamos ser identificados con Cristo no sólo en su sacrificio, sino en todo servicio.
¿ Qué resultado tendrá o cómo terminará todo esto en ti, querido hermano? No lo sé. (Ni ángeles ni hombres lo saben.) Pero puedo decirte cómo empieza: Principia siempre con una vida transformada, en la cual no vivamos ya nosotros. Pablo vivió gloriosamente y murió triunfalmente porque en su sacrificio y sufrimiento se identificó plenamente con Cristo. Así podemos vivir y morir nosotros si tan sólo lo queremos.
La única fe salvadora es la que se arroja así en Dios , para la vida y para la muerte.
Martin Lutero
He aquí por qué, en cada momento de la historia, cuando la iglesia de Cristo ha sido movida por alguna ola de despertamiento a la realidad de la consagración personal, millares de hombres y de mujeres han redescubierto a Pablo, han vibrado al compás de la música de su mensaje.
Dr. S. . Stewart
Corazones sin lagrimas nunca pueden ser buenos heraldos de la Pasión de Cristo.
Dr. . H. aowett
Que Dios me diera un corazón cargado,
infundido con la pasión de orar
Por los que, sumergidos en pecado,
No pueden Sus riquezas alcanzar.
¡Quién me diera un alma semejante
A la de Cristo, mi fiel Salvador,
Que en total agonía estuvo orando
Por los otros! ¡Oh, dame un corazón,
Padre mío, cargado por los otros!
Anhelo, Padre amado, tal pasión
Que derramar mi corazón por los perdidos
Anhele yo; y aun vida, ¡fiel Señor!
Que sepa orar, sí, cueste lo que cueste.
Enséñamelo, Señor, por compasión.
Enséñame tú mismo este secreto.
Estoy sediento de aprender esta lección. Anhelo, Jesús mío, que lo hagas. ¡Padre, este favor pido de
Ti:
Que se revele Tu Espíritu en mí!
María Warburton Booth
TOMADO DEL LIBRO: ¿ POR QUE NO LLEGA EL AVIVAMIENTO? LEONARD RAVENHILL

Creyentes Incredulos – Por Leonard Ravenhill

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Cualquier día algún alma sencilla tomará el libro de Dios, la Biblia, la leerá y la creerá; y todos nos sentiremos apurados. Hemos adoptado la comodona teoría de que la Biblia es un libro para ser explicado, cuando es, ante todo y en primer lugar, un libro para ser creído (y después obedecido).
Martillea en estos días por mi cerebro la idea de que hay una enorme diferencia entre conocer la Palabra de Dios y conocer al Dios de la Palabra. ¿No es verdad que en las Conferencias Bíblicas no hacemos más que oír la repetición de cosas que nos sabemos de memoria y salimos sin ningún crecimiento en la fe? Quizá Dios no ha tenido jamás, en el mundo, un grupo tan numeroso de creyentes incrédulos como el que tiene en estos días. ¡Qué vergüenza!
Estamos hipnotizados por Leer el resto de esta entrada »

Leonard Ravenhill: La Predicacion Ardiente Por las almas – ¿Un Arte Perdido?

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Han pasado siglos desde que el reformador suizo Escolampadio formulé la frase: «¡Cuánto más harían unos pocos hombres fervientes en el ministerio que una multitud de tibios!» El paso del tiempo no ha quitado oportunidad a esta frase; al contrario, necesitamos hoy más que nunca predicadores buenos y fervientes. Isaías era uno de los tales cuando le oímos exclamar: «¡Ay de mí, pues soy hombre de labios pecadores y habito en medio de un pueblo de labios pecadores!» Y Pablo expresaba sus sentimientos con otro ¡ay!: «¡Ay de mi si no anunciare el Evangelio!»
Creo que nadie ha expresado mejor el Leer el resto de esta entrada »