Dios

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PREGUNTAS FRECUENTES ¿DIOS NO TIENE EN CUENTA MI CORAZON? ¡MI INTENCION ES BUENA! POR BILL WIESE

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Bill Wiese

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
—JEREMÍAS 17:9
SÍ, DIOS TIENE EN cuenta su corazón, y ése es el problema. La Biblia dice que el corazón es engañoso y perverso (Jeremías 17:9). En realidad, dice: “El corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su vida…” (Eclesiastés 9:3). Así que, si va a usar ese enfoque, no llegará a ninguna parte.
El que confía en su propio corazón es necio… —PROVERBIOS 28:26
La opinión que Dios tiene de nuestro corazón es bastante diferente de la nuestra. Pensamos que somos bastante buenos; sin embargo, el hombre natural sin Dios se opone en su corazón a los caminos de Dios. …no se justificará delante de ti ningún ser humano… Leer el resto de esta entrada »

PREGUNTAS FRECUENTES: SI HAY UN DIOS ¿ POR QUE HAY TANTO MAL EN EL MUNDO? POR BILL WIESE

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Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. —1 PEDRO 5:8

SI NO HAY DIOS, ¿entonces por qué hay tanto bien en el mundo? ¿De dónde viene el “bien” (Salmos 33:5; Lucas 6:35; 12:32; Hebreos 6:5; Santiago 1:17; 3 Juan 11)?
La pregunta por el mal en el mundo es una cuestión compleja y merece una respuesta integral. Esta respuesta será comparativamente más larga que las otras, ya que la comprensión de este asunto ayudará a clarificar las respuestas a otros.
La razón por la que creo que esta pregunta se relaciona con el infierno es que muchos piensan que Dios es el responsable de los desastres y lo suficientemente malo para enviar a la gente al infierno. Su idea es: “Si Él si no causa la tragedia, ¿por qué no la detiene?”. Este razonamiento los lleva a la conclusión de que Dios es desalmado y envía arbitrariamente a quienquiera al infierno. Esto es totalmente erróneo; además, el mal que existe no es, en su mayor parte, causado por Dios.
El mal existe por muchas razones, de las que enumero cinco:
1. Satanás es el dios de este mundo. Él causa la muerte y la destrucción, no Dios.
2. Los hombres tienen libre albedrío para obedecer a Dios y ser bendecidos o desobedecerlo y ser maldecidos. La elección es suya.
3. Lo que un hombre siembra, eso cosechará.
4. Hay una ley del pecado y de la muerte, y opera exactamente como la ley de la gravedad.
5. La propia tierra se rebela contra el pecado.
Más adelante veremos con más detalle cada una de estas razones.
Debemos conocer sus caminos
Una de las falsas ideas comunes es que el hombre no puede saber por qué existe el mal en nuestro mundo. Aun muchos cristianos responderán con Isaías 55:8–9, que dice:
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”
Las personas malinterpretan estos versículos llegando a la conclusión que no podemos conocer los porqués de la vida. Sin embargo, debemos considerar a quiénes les estaba hablando Dios en ese versículo. En el precedente, Él nos dice que es “el impío”: “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos” (v. 7), no sus hijos. El impío no puede conocer los caminos de Dios, pero se espera que nosotros los conozcamos. Él nos dice cuál es su voluntad y por qué el mal existe.
Usted dice: “Pero, ¿y la soberanía de Dios?” Por supuesto que Dios es soberano, pero solamente lo ejerce fuera de su Palabra. En otras palabras, Él no hará nada contrario a lo que ya ha escrito y su Palabra nunca cambiará (Salmos 89:34; 119:89). Su Palabra escrita declara su voluntad y Él espera que nosotros sepamos lo que dice.
Por ejemplo, recuerde que cuando Jesús estaba a punto de curar a la mujer encorvada por una enfermedad que la tenía tullida, dijo: “Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?” (Lucas 13:16). Él esperaba que ellos supieran que ella tenía derecho a ser desatada, pues dijo: “¿no se debía…?” como pregunta retórica.
Qué diremos de cuando Jesús se acercó a la ciudad de Jerusalén, y lloró, diciendo: “Oh, si… conocieses… el tiempo de tu visitación” (Lucas 19:42, 44). Las personas eran responsables de conocer las Escrituras (Hebreos 10:7), las cuales hablan del día en que Él entraría en Jerusalén como el Salvador del mundo (Salmos 118:21-24; Isaías 25:8-9; Zacarías 9:9).
Igualmente, cuando los apóstoles no podían expulsar al demonio del niño en Mateo 17:17, Jesús dijo:
“¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros?”. Esperaba que para entonces ellos ya comprendieran lo que Él estaba haciendo y tuvieran la fe requerida para creer en su misión.
Cuando Jesús les hablaba a los discípulos sobre el sufrimiento que pronto soportaría, Pedro lo reprendió, diciendo: “¡Esto no te puede pasar!” (Mateo 16:22, dhh).
Jesús le respondió: “¡Apártate de mí, Satanás, pues eres un tropiezo para mí! Tú no ves las cosas como las ve Dios, sino como las ven los hombres” (v. 23, dhh). Jesús no dijo: “Está bien, Pedro. Sé que tuviste buenas intenciones”. No, a Él no le interesaba tratar de que Pedro se sintiera cómodo en su error. Pedro debería haber conocido las Escrituras que decían que Jesús tenía que sufrir y morir (Salmos 22; 34:20; 41:9; Isaías 7:14; 50:6; 53:5; Oseas 11:1; Amós 8:9; Miqueas 5:2; Zacarías 9:9). Jesús le dejó saber a
Pedro que Satanás estaba hablando a través de su ignorancia. Eso era fuerte y podemos pensar que fue ofensivo. Pero era necesario que Pedro conociera la verdad. Jesús no se andaba con miramientos.
Muchas veces nosotros sí lo hacemos. Tratamos de aliviar el dolor de alguien, lo cual es bueno, pero no debe hacerse a expensas de distorsionar la Palabra de Dios. Por lo tanto depende de nosotros encontrar exactamente qué está escrito, porque somos responsables de ese conocimiento.
Si un niño pequeño muere, muchos comentarán: “Bien, el buen Señor lo llevó a su hogar”. No, eso no es lo que dice la Palabra de Dios. En Proverbios 4:10 leemos: “Oye, hijo mío, y recibe mis razones, y se te multiplicarán años de vida”. El Salmo 91:16 dice: “Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación” (Vea también Éxodo 23:26; Deuteronomio 25:15; 1 Reyes 3:14; Proverbios 3:2, 16; 7:1-2; 9:11; 10:27; 19:23; 28:16; Efesios 6:3). Usted puede ver por esos versículos que la voluntad de Dios es que vivamos vidas largas.
Muchos preguntarán: “¿Por qué a las buenas personas les pasan cosas malas?”. Realmente no están esperando una respuesta. Ellos preguntan como si “nunca pudiéramos saberlo”. Incluso, esta falta de conocimiento de su Palabra ha llevado a que muchos supongan que Dios también es el responsable de las cosas malas que suceden. En nuestra ignorancia, acusamos falsamente a Dios, culpándolo por las
tragedias. No es Dios quien mata. Él es el dador de la vida, no el que la quita (Juan 10:10).
Nadie argumentará que no es la voluntad de Dios que todos se salven, ¿verdad? ¿Por qué? Porque eso está muy claro en la Biblia. Del mismo modo, los otros temas también están detalladamente explicados en su Palabra, tal como los versículos que prometen larga vida que listamos más arriba.
Observemos más de cerca algunos versículos que dicen claramente que debemos conocer sus caminos.
Si alguien ha de gloriarse,
que se gloríe de conocerme.
—JEREMÍAS 9:24, NVI
…Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad…
—EFESIOS 1:9, NVI
Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.
—EFESIOS 5:17
Por eso, desde el día en que lo supimos no hemos dejado de orar por ustedes. Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual.
—COLOSENSES 1:9
Y, volviendo al hecho de que Dios es soberano, el otro punto es: si usted no está en la familia de Dios, no tiene ninguna garantía de una vida larga ni ninguna promesa de bendición. Deuteronomio 28:66 dice: “Y tendrás tu vida como algo que pende delante de ti, y estarás temeroso de noche y de día, y no tendrás Seguridad de tu vida”. Solamente cuando estamos en su familia tenemos estas garantías, si nos apropiamos de ellas mediante la fe y la obediencia.
Si no leemos y estudiamos (Proverbios 15:28; Colosenses 4:6; 2 Timoteo 2:15; 1 Pedro 3:15), no sabremos cuál es su voluntad. En lugar de ella, expresaremos nuestra propia opinión y muchas veces culparemos a Dios falsamente. Por supuesto no podemos saber todas las cosas, pero en la mayoría de los casos, su Palabra nos declara los caminos de Dios y su voluntad.
Por qué ocurre lo malo
1. Satanás es dios de este mundo (2 Corintios 4:4).
La primera razón por la que ocurre lo malo es ésta: Satanás es quien causa toda la destrucción. He aquí algunos versículos que nos revelan esto:
Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?
—LUCAS 13:16
El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
—JUAN 10:10
…cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
—HECHOS 10:38, ÉNFASIS AÑADIDO
… el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.
—1 CORINTIOS 5:5, ÉNFASIS AÑADIDO
Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
—1 JUAN 3:8
Cuando un padre vino a Jesús trayendo a su hijo que tenía un espíritu mudo, le dijo a Jesús que “muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle” (Marcos 9:22). Pero Jesús “reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.
Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió” (v. 25, 26a). Recuerde, Dios es un Dios bueno, y es el diablo quien es malvado. Jesús dijo en Lucas 9:56: “porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas”.
Como usted puede ver, es Satanás quien causa la destrucción, no Dios. Para captar esto cabalmente, es imperativa la lectura de estos versículos: Salmos 107:17; Proverbios 13:20; 16:6; 19:23; 2 Corintios 2:10-11; Efesios 6:2-3; Santiago 4:7; 1 Pedro 5:8. La razón por la que doy esta lista de versículos es porque mis opiniones no significan nada. Solamente la Palabra de Dios tiene autoridad y es la verdad.
2. A los hombres se les ha dado libre albedrío.
La segunda razón por la que existe el mal en el mundo es porque a los hombres les ha sido dado libre albedrío y pueden elegir obedecer a Dios y ser benditos, o desobedecerlo y estar malditos.
A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;
—DEUTERONOMIO 30:19
“…haré recaer sobre ellos todo el mal que han hecho. Lo afirma el Señor omnipotente.”
—EZEQUIEL 22:31, NVI
El hombre tiene la elección y una razón por la que decide desobedecer a Dios es que no quiere hacerse responsable de su pecado. Se niega a ver la verdad y hallará cualquier excusa para menospreciar la Palabra de Dios. Su terca voluntad hace que rechace el evangelio. Estos versículos nos muestran el verdadero corazón del hombre sin Dios.
…pues ante ti nadie puede alegar inocencia.
—SALMOS 143:2, NVI
El corazón del hombre rebosa de maldad; la locura está en su corazón toda su vida.
—ECLESIASTÉS 9:3, NVI
… escogieron sus propios caminos, y su alma amó sus abominaciones… porque llamé, y nadie respondió; hablé, y no oyeron, sino que hicieron lo malo delante de mis ojos, y escogieron lo que me desagrada.
—ISAÍAS 66:3-4
Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?
—JEREMÍAS 17:9
La soberbia de tu corazón te ha engañado.
—ABDÍAS 3
Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
Y con los oídos oyen pesadamente,
Y han cerrado sus ojos.
— MATEO 13:15
…porque las tinieblas le han cegado los ojos.
—1 JUAN 2:11
Si obedecemos a Dios, seremos bendecidos. Una de las principales razones por las que Dios dice explícitamente en su Palabra que debemos obedecerle es porque desea bendecirnos, y solamente puede hacerlo a través de la obediencia. Esto es lo que su Palabra nos promete:
Si oyeren, y le sirvieren,
Acabarán sus días en bienestar,
Y sus años en dicha.
—JOB 36:11
La maldición de Jehová está en la casa del impío,
Pero bendecirá la morada de los justos.
—PROVERBIOS 3:33
Riquezas, honra y vida
Son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová.
—PROVERBIOS 22:4
¿Están ustedes dispuestos a obedecer?
¡Comerán lo mejor de la tierra!
—ISAÍAS 1:19, NVI
Dios… recompensa a quienes lo buscan
—HEBREOS 11:6
…y recibimos todo lo que le pedimos porque obedecemos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
—1 JUAN 3:22
Lea el capítulo 28 de Deuteronomio, que pinta un cuadro muy claro de quienes obedecen y quienes no lo hacen. Allí verá todas las bendiciones o todas las maldiciones que vendrán sobre usted. Eso lo animará a obedecer la Palabra de Dios, y también infundirá en usted el temor de Dios, si es que aún no lo tiene.
Algunos piensan que el Dios del Antiguo Testamento era malo y no se parecía en nada a Jesús. Eso es totalmente falso, puesto que Dios no cambia (Malaquías 3:6; Hebreos 13:8). Siempre ha sido un Dios amante, pero es también un Dios justo y un juez recto (Deuteronomio 32:4; Salmos 96:13). Porque es santo, Dios odia el pecado, por lo que es algo que se tiene que tratar (Levítico 19:2; Salmos 5:5; 119:104; Habacuc 1:13; Romanos 6:23; 1 Pedro 1:16; Apocalipsis 15:4). Mire los siguientes versículos y verá el corazón de Dios y cómo siempre ha sido amoroso y perdonador:
“¡Vuelve, apóstata Israel!”, afirma el Señor.
“…porque soy misericordioso…
Tan sólo reconoce tu culpa,
y que te rebelaste contra el Señor tu Dios”.
—JEREMÍAS 3:12-13, NVI
El Señor dice: “Recorran las calles de Jerusalén,
miren bien, busquen por las plazas,
a ver si encuentran a alguien
que actúe con justicia,
que quiera ser sincero.
Si lo encuentran, perdonaré a Jerusalén.”
—JEREMÍAS 5:1, DHH
Y aunque una y otra vez les he advertido acerca de su conducta, ustedes no han querido obedecerme, y ni siquiera me han respondido. Yo, el Señor, lo afirmo.
—JEREMÍAS 7:13, DHH
Cuando los hombres caen, ¿acaso no se levantan?
Cuando uno se desvía, ¿acaso no vuelve al camino?
¿Por qué entonces este pueblo se ha desviado?
¿Por qué persiste Jerusalén en su apostasía?
Se aferran al engaño,
y no quieren volver a mí.
JEREMÍAS 8:4–5, NVI
Quizá te hagan caso y dejen su mala conducta, y yo decida no castigarlos por sus malas acciones, como había pensado.
—JEREMÍAS 26:3, DHH
¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?
Pero por tu obstinación y por tu corazón empedernido sigues acumulando castigo contra ti mismo para el día de la ira, cuando Dios revelará su justo juicio.
—ROMANOS 2:4–5, NVI
Usted puede apreciar que Dios es paciente y amable y se revela a las personas a todo lo largo de sus vidas. Ellas lo rechazan una y otra vez. Sin embargo, la gente acusa a Dios de enviarla al infierno. Pero Él es quien trata de que no vayamos allí. Él murió en nuestro lugar precisamente para eso. ¿Qué más quiere usted que haga?
3. Existe una ley de la siembra y la cosecha.
Un hombre recibirá lo que haya dado. La manera en que él trata a otro es la misma en que será tratado.Si un hombre siembra maldad, cosechará el mal. La mayoría conoce esto como la regla de oro. Pero muchos no la siguen o no se dan cuenta de su alcance.
A todos nos gusta que ocurran “cosas buenas” en nuestras vidas. Incluso muchos que viven una vida egoísta siguen esperando lo bueno. Pero no funciona de esa manera. Debemos mostrar bondad hacia otros (Proverbios 18:24). Si somos dadores, recibiremos. Si somos personas interesadas, nos quitarán. Si vendemos un automóvil y no revelamos sus defectos, obtendremos un automóvil con defectos. Es una ley, y opera, se dé usted cuenta o no.
Las obras de las manos del hombre volverán a él.
—PROVERBIOS 12:14, LBLA
Perturba su casa el que tiene ganancias ilícitas.
—PROVERBIOS 15:27, LBLA
El que siembra maldad cosecha desgracias.
—PROVERBIOS 22:8, NVI
El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.
—2 CORINTIOS 9:6
Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
—GÁLATAS 6:7
En la Biblia hay muchas historias que exhiben claramente esta ley de siembra y cosecha. Muchas veces la gente no piensa en cómo ha tratado a otros o cómo mintió sobre alguien para obtener un puesto más alto. O quizás se desentendieron de otro, y ahora les toca a ellos ser pasados por alto. Todo vuelve, no importa quién usted sea y no importa cuántos años hayan pasado.
Sin embargo, si usted es cristiano, tiene a su disposición el poder del arrepentimiento. Si nos arrepentimos de nuestros pecados, Dios nos perdonará y no los recordará más (Salmos 79:8; 103:12; Isaías 43:25; Jeremías 31:34; Hebreos 10:17). Aun la cosecha del pecado puede ser detenida en muchos casos.
Dependiendo de cuál sea el pecado, hay ciertas circunstancias que son consecuencia de nuestro pecar con las que tendremos que vivir por el resto de nuestros días. Por ejemplo, si alguien tiene un hijo fuera del matrimonio, esa persona será responsable de ese niño y vivirá con las consecuencias de ese pecado el resto de su vida. Si decimos algo malo o dañoso a un ser querido, puede suceder que la persona nos perdone, pero que la cicatriz nunca sane totalmente. Si somos infieles a nuestro cónyuge, esa cicatriz
podría ser muy difícil de borrar. La violación de la confianza es el tipo de herida más profundo. Sin embargo, con Dios todas las cosas son posibles para el que cree. Dios está más que deseoso de sanar incluso las situaciones más difíciles y sacar algo bueno de lo malo. El Salmo 86:5 dice: “Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, y grande en misericordia para con todos los que te invocan”. Jesús dijo en Lucas 4:18: “Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón…” (Vea también Salmos 145:7-8; 146:7-9.) Servimos a un Dios bueno y amante.
4. Existe una ley del pecado y de la muerte.
¿Qué ley es ésta? Es una ley tan real y que funciona tan eficazmente como la ley de gravedad. Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. … Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
—ROMANOS 7:23-25
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
—ROMANOS 8:2
Vivir en pecado trae muerte a nuestras vidas, lo sepamos o no. Es una ley espiritual y es tan eficaz como las leyes físicas. El mal vendrá tras usted y lo cazará. El mal es atraído hacia el pecado como un imán es atraído hacia el metal. Si continuamos en pecado, nos destruirá. Hasta un cristiano puede ser destruido por falta de conocimiento Oseas 4:6).
El mal cazará al hombre injusto para derribarlo.
—SALMOS 140:11
Fortaleza para el íntegro es el camino del Señor, pero ruina para los que obran iniquidad.
—PROVERBIOS 10:29
El que menosprecia el precepto perecerá por ello.
—PROVERBIOS 13:13
El mal perseguirá a los pecadores.
—PROVERBIOS 13:21
… y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.
—SANTIAGO 1:15
Cuando nacemos de nuevo, recibimos el espíritu de vida (Juan 3:3-16). Se nos da un nuevo corazón y un nuevo espíritu, que viven para Dios (Ezequiel 18:31; 36:26; Romanos 2:29; 6:6-8; 1 Juan 4:13). Se nos ha hecho libres de esta ley del pecado y de la muerte (Romanos 6:18-22; 8:2; Gálatas 5:1).
Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
—ROMANOS 6:11
Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo… de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu.
—ROMANOS 7:4–6
Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.
—1 CORINTIOS 15:22
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
—2 CORINTIOS 5:17
Con este nuevo espíritu, no seguimos teniendo el deseo de pecar (Salmos 119:10-11; 1 Juan 3:9).
Nuestros cuerpos todavía podrían tenerlo, pero renovamos nuestras mentes con la Palabra de Dios (Salmos 119:33), y ahora controlamos nuestros cuerpos en lugar de que ellos nos dominen.
Realmente podemos y debemos llegar a un lugar en que odiemos el pecado (Salmos 119:11, 104, 113, 128; Proverbios 8:13). Llegará a resultarnos repugnante. Sin embargo, el grado en que odiemos el pecado depende del grado en que nuestra mente sea renovada (Romanos 12:2; 2 Corintios 4:16; Efesios 4:23; Colosenses 3:10). Algunos cristianos se quedan como bebés y nunca llegan a comprometerse más profundamente con el Señor.
5. La propia tierra se rebela contra el pecado.
La propia tierra se rebela contra el pecado. La tierra fue hecha para escuchar alabanzas a Dios, no blasfemias, maldiciones y odio hacia Él. Las naciones que no tienen al Dios de la Biblia como su Dios continuarán viviendo en un suelo maldito y acarrearán destrucción para sí mismas. Terminarán en el infierno si no se arrepienten y reconocen a Jesús como Señor (Salmos 9:17; 67:5-6; 68:6). Mire estos versículos:
Aun la tierra misma se contaminó. Por eso la castigué por su perversidad, y ella vomitó a sus habitantes.
—LEVÍTICO 18:25
¡Que tiemble ante él toda la tierra! Él afirmó el mundo, y éste no se moverá.
[La falta de temor de Dios trae terremotos.]
—1 CRÓNICAS 16:30,
COMENTARIO ENTRE CORCHETES AÑADIDO
Te alaben los pueblos, oh Dios;
Todos los pueblos te alaben.
La tierra dará su fruto;
Nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.
[Las naciones que no alaben al Señor tendrán hambre.]
—SALMOS 67:5–6, COMENTARIO ENTRE CORCHETES AÑADIDO
Los rebeldes vivirán en tierra estéril.
—SALMOS 68:6, DHH
La tierra yace profanada,
pisoteada por sus habitantes,
porque han desobedecido las leyes,
han violado los estatutos,
han quebrantado el pacto eterno.
Por eso una maldición consume a la tierra,
y los culpables son sus habitantes.
Por eso el fuego los consume,
y sólo quedan unos cuantos.
—ISAÍAS 24:5-6, NVI
El país está lleno de adúlteros,
de gente que corre a hacer el mal,
que usa su poder para cometer injusticias.
Por eso el Señor maldijo la tierra,
y la tierra se secó,
y los pastos del desierto se quemaron.
—JEREMÍAS 23:10, DHH
Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora.
—ROMANOS 8:22
He aquí algunos versículos que nos muestran que la tierra fue hecha para oír las alabanzas a Dios.
¡Alégrense los cielos, y regocíjese la tierra!
Digan las naciones: ¡El Señor reina!
“¡Que resuene el mar y todo cuanto contiene!
¡Que salte de alegría el campo y lo que hay en él!
¡Que los árboles del campo canten de gozo ante el Señor,
porque él ha venido a juzgar a la tierra!”
—1 CRÓNICAS 16:31-33, NVI
¡El Señor es rey!
¡Regocíjese la tierra!
¡Alégrense las costas más remotas!
—SALMOS 97:1, NVI
A su paso, las montañas y las colinas
prorrumpirán en gritos de júbilo
y aplaudirán todos los árboles del bosque.
—ISAÍAS 55:12, NVI
Cuando la tierra oiga que la gente maldice o se burla de Dios, temblará, será estéril y seca, y vomitará
a sus habitantes (Isaías 24:5-6; 33:9). Éstas son solamente cinco razones, y hay muchas más. La
conclusión es que, si obedecemos su voz, Él nos protegerá y nos proveerá, incluso en tiempos de
hambruna (Salmos 33:18-19; 37:19; Ezequiel 36:29).
Hay solamente un Dios, el Dios de la Biblia. Jesús es el único camino de salvación. Créalo usted o no,
de todos modos cosechará las consecuencias. (Vea también Salmos 9:17; Isaías 43:11; 44:8; 45:6, 22; 47:4 Oseas 13:4; Marcos 14:62; Lucas 22:69-70; Juan 3:16, 36; 8:24, 58; 9:35-37; 10:30, 36; 11:25-27; 12:47; 14:6, 9; Hechos 4:12; Gálatas 3:20; Efesios 1:7; 1 Timoteo 2:5; 1 Juan 4:3; 5:11-12.)
Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.
—EFESIOS 5:2

PREGUNTAS FRECUENTES: ¿Dónde está Dios cuando golpea el desastre (terremoto, maremoto, huracán, etc.)? POR BILL WIESE

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Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. —2 CRÓNICAS 7:14
MUCHAS PERSONAS SON RÁPIDAS para apuntar con el dedo cuando golpea el desastre, pero en todas las buenas épocas esas mismas personas niegan que Dios exista y de ninguna manera le dan gracias por esos buenos tiempos (Salmos 18:49; 30:12; Colosenses 1:3, 12; 1 Tesalonicenses 5:18). El desastre usualmente no viene de Dios, como usted verá en el próximo capítulo. En la tierra hay fuerzas malvadas y debemos orar para que Dios intervenga y frene el mal (Juan 10:10). 
Dios puede, por supuesto, enviar una peste o un desastre si decide hacerlo, pero usualmente el desastre es resultado de una o más de las cinco razones que apunto en el próximo capítulo. Si Dios envía destrucción, por lo general se debe a la rebelión y pecado continuos, y lo hace después de haber realizado muchas advertencias que no fueron atendidas.
La mayoría de los hombres no oran. Pero Jesús nos dijo que orásemos que su voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo (Mateo 6:10). En otras palabras, si no oramos, su voluntad no siempre se hace.
No hay ningún desastre en el cielo y ésa es también su voluntad para la tierra. Si orásemos, Dios se involucraría en mayor grado, porque la oración da lugar a su intervención (2 Crónicas 7:14). En su libro Through the Windows of Heaven (A través de las ventanas del cielo), el Dr. Walter Martin dijo:
No cuestione los atributos de piedad y compasión de Dios. Cuestione el desorden que hicimos en la tierra en la cual vivimos. Cuando Dios la creó, no fue para que terminara así. La belleza que está en el mundo entero era la idea de Dios. El desorden es nuestro. Y ahora, cuando miramos y vemos un mundo maldecido por el pecado, y vemos el juicio de ese mundo… culpamos a Dios.1 El Dr. Erwin Lutzer dijo: “A menudo las mismas personas que después de un desastre se preguntan dónde estaba Dios, se niegan ingratamente a adorarlo y honrarlo por años de paz y tranquilidad. Ignoran a Dios en los tiempos buenos, pero piensan que Él está obligado a proveerles ayuda cuando vienen los tiempos malos.”

Vivimos en un mundo caído y cada día los hombres deciden pecar y desobedecer a Dios. Nuestras decisiones y pecados tienen consecuencias. También hay una ley de la siembra y la cosecha. La destrucción es un resultado del pecado (Proverbios 13:21).
Además, Dios le ha dado al hombre la tierra y dominio sobre ella (Génesis 1:28; Salmos 115:16). También le ha dado al hombre nacido de nuevo poder sobre el diablo (Lucas 10:19). El desorden en el que está la tierra no es culpa de Dios sino del hombre. Si Dios no estuviera interviniendo a través de la oración del ser humano, nos habríamos destruido hace ya mucho tiempo. Porque él es benigno para con los ingratos y malos.
—LUCAS 6:35

VIDEO REFLEXIVO : A TRAVES DE LA TORMENTA

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DIOS SIEMPRE ESTA TRABAJANDO EN NUESTRAS VIDAS, A PESAR DE LAS TORMENTAS QUE NO ENTENDAMOS POR QUE VIENEN. TODAS LAS COSAS NOS AYUDAN A BIEN A LOS QUE LE AMAMOS. (ROMANOS 8:28)

PREGUNTAS FRECUENTES: ¿ SERA DIOS MALO POR NO PERMITIR QUE UNA PERSONA BUENA ENTRE AL CIELO? POR BILL WIESE

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¿Será Dios malo  por no permitir que una persona buena entre al cielo?
Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.
—MATEO 12:37
ES UN ERROR COMÚN creer que Dios es malo o desalmado a causa de sus estándares para entrar al cielo.
Una encuesta de Barna de 2006 mostraba que el 54 por ciento de los estadounidenses creía que, en general, si usted es una persona buena, irá a cielo, y si es malo, al infierno.
Sin embargo, pasar la eternidad en el cielo no depende de ser bueno por dos razones: Primera, porque se basa en una relación; y segunda: ¿a qué estándar de bondad nos estamos refiriendo? El suyo y el mío podrían ser diferentes. Bien, el estándar de Dios ciertamente es distinto, ya que es mucho más alto que
los nuestros.
1. Se basa en una relación.
Veamos la primera razón: suponga que usted llama a la puerta de la casa más cara de la región y les dice: “Vengo a instalarme con ustedes”. ¿Qué piensa que le dirían?
“No”, ¡por supuesto! Y usted no podría haber esperado que le dieran la bienvenida. Usted no tiene ninguna relación con ellos. Así que quienes cuestionan la imparcialidad de Dios, ¿pueden esperar vivir toda su vida sin tener nada que ver con Él, incluso negando que Jesús sea el Hijo de Dios, y luego, cuando mueran, ir a llamar a la puerta de Dios y decirle: “Disculpe, me estoy mudando con usted”?
¿Por qué piensa usted que tiene derecho a mudarse a la casa de Dios? ¿Por qué Él se lo debería permitir? Usted nunca le pidió que fuera su Padre aunque Él se lo propuso durante su vida terrenal. En realidad, usted no quiso aceptar como su Señor y Salvador a su Hijo, quien le dijo que era el único camino al cielo. Por lo tanto, no existe ninguna relación entre usted y Él (Juan 1:12; 8:14; 17:9; Romanos 9:7-8; Gálatas 3:26). Él no es su Padre, solamente su Creador (Colosenses 1:16). (Vea también Juan
3:36; 11:25-26; 14:6; Hechos 4:12; Romanos 3:30; 10:9-10; 1 Timoteo 2:5; 1 Juan 5:12.)
Usted dice: “¡Pero Él me conoce y se supone que es un Dios amoroso!” Él sabe que usted existe, pero no lo conoce personalmente porque usted no quiso conocerlo. Usted dijo con su propia boca: “No creo que Jesús sea el único camino, o no creo que sea el Hijo de Dios”. Serán sus propias palabras las que lo enviarán al infierno.
En Mateo 12:37, el propio Jesús dijo: “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.
Si un desconocido viniera a decirle que se está mudando a su casa, ¿tendría Justificación para llamarlo a usted malo por no permitirle el acceso? ¿Tendría justificación para decir que usted es desalmado? No, porque la posibilidad de que esa persona se mude o no con usted no depende de si usted es amoroso o
no; depende de la relación que usted tenga con esa persona.
Así es con nosotros. Si no tenemos una relación con Jesús, no pertenecemos a la familia de Dios, y no tenemos ningún derecho a entrar en su casa. Entonces, ¿quién es el desconsiderado e irrazonable? Nuestra falta de conocimiento no nos excusa. Es como si estuviéramos yendo a excesiva velocidad y le dijéramos al oficial de policía: “¡No vi la señal!”
Imagínese que está en la frontera de otro país y le dice a la Patrulla de Frontera: “Disculpen, soy una persona buena así que quisiera que me autoricen a entrar”. No esperaríamos que nos dejaran entrar al país, ¿verdad? Entonces, ¿por qué esperaríamos poder entrar a otro reino? Necesitamos una visa o pasaporte para ingresar a otro país, y necesitamos una relación con Jesús para entrar al cielo. Ser bueno no tiene nada que ver con ello.
2. ¿Qué estándar de bondad?
Al considerar el segundo punto —”¿A que estándar de bondad nos estamos refiriendo?”—, debemos mirar el estándar de Dios, y su estándar del bien es la perfección (2 Samuel 22:31; Salmos 18:30; 19:7; Habacuc 1:13; Mateo 5:48; Hebreos 5:9; Santiago 2:10). Sobre la base de este estándar, usted necesitaría ser perfecto para lograr entrar al Reino de Dios. Si usted mintiera o robara o fornicara o tuviera un pensamiento necio aunque fuera una sola vez, quedaría excluido (Proverbios 24:9; 1 Corintios 6:9; Efesios 5:5; Santiago 2:10; Apocalipsis 21:8). Ese estándar es realmente alto.
Así que déjeme preguntarle: ¿Reúne usted esos requisitos? ¿Es perfecto? No, nadie lo es (Romanos 3:10, 12, 20; Gálatas 2:16; 2 Timoteo 1:9). La entrada al cielo no depende de ser bueno —y es una buena cosa que así sea. Si dependiera, ninguno de nosotros entraría (Juan 1:12; Romanos 3:20-26; 2 Corintios 5:21; Efesios 1:7; 2:8-9; 1 Juan 4:15). Gracias a Dios, el cielo es un don gratuito, no podemos ganarlo.
El único camino al cielo es la Cruz. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). No importa con qué creencia usted haya crecido, y no intento menospreciar ninguna creencia. Pero estoy aquí para disuadirlo de creer en cualquier cosa distinta de lo que Jesús dijo. Él es el único camino.
Apocalipsis 21:8 dice: “Pero los… incrédulos… tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre”. En Mateo 7:23, Jesús dijo: “Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. ¡Qué terrible sería escuchar eso de sus labios! El hecho de que nos dé una oportunidad de estar en relación con Él prueba que es un Dios amante. Escoger la vida es una decisión nuestra.
Si usted quiere discutir con Él, tendrá esa oportunidad en el Día del Juicio Final (Apocalipsis 20:13- 15), cuando Jesús será el Juez.
Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador,
Y grande en misericordia para con todos los que te invocan.
—SALMOS 86:5