FRAGMENTOS DE LIBROS

Versiculos Biblicos para Comenzar el Año 2016

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Hay un Mensaje de Esperanza y Aliento para tu vida en el Año 2016 que esta comenzando.
 En estas Promesas de la Palabra de Dios encontraras Fortaleza, Fe y Aliento para comenzar un Año con toda Bendicion y Victoria en el Nombre de Jesus.
 Ora, Medita  en estos pasajes de la Palabra de Dios que seran Profeticos y de Bendicion para tu Vida.   
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Tratado Evangelistico: ¿Donde esta tu Nombre?

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Para Leer el Tratado Evangelistico haga Click en el siguiente Enlace:

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Leonard Ravenhill: ” Conocido en el Infierno”

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Algunos predicadores dominan sus asuntos y algunos asuntos dominan al predicador. De vez en
cuando encontramos algún predicador que es dueño de ambas cosas y domina también su asunto.
El apóstol Pablo era de esta categoría. Miremos a Pablo en Efeso (Hechos 19): Siete hombres están
tratando de usar una fórmula religiosa sobre una víctima del tipo de la de Gadara (1), pero el usar
términos teológicos o versículos de la Biblia contra hombres poseídos por el demonio es tan ineficaz
como lanzar bolas de nieve contra el peñón de Gibraltar con la esperanza de derribarlo. Un solo hombre controlado por el demonio fue un pugilista capaz de propinar una buena paliza a los siete tontos psicópatas. Mientras los siete hijos de Seva huían por las calles descamisados y avergonzados, el hombre poseído por el espíritu inmundo aumentaba su guardarropía con siete trajes. Por esto los siete fugitivos, heridos y temerosos, se vieron obligados a contar la historia. De este modo Dios tomó su locura en gloria para Cristo, pues el nombre del Señor fue grandemente temido y ensalzado. Muchos espiritistas de aquella época fueron convertidos; judíos y griegos fueron salvos. Y en una hoguera pública destrozaron y quemaron libros de falsos cultos por valor de 50.000 piezas de plata.
Así se cumplió: «La ira del hombre te acarreará alabanza.» Escuchad el testimonio del demonio: «A
Jesús conozco y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes sois?» Esta es la más alta alabanza que la
tierra o el infierno  

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Leonard Ravenhill:” Como va la Iglesia asi va el Mundo”

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Se necesitan hombres incandescentes para esta medianoche espiritual. En el día de Pentecostés, la llama del Dios vivo vino a ser la llama de un grupo de corazones humanos. La Iglesia empezó con aquellos hombres y mujeres en el «aposento alto» entregados a la oración ardiente, y hoy día está terminando con hombres y mujeres en el salón de fiestas de encima de la iglesia organizando despertamientos artificiales. La Iglesia empezó con un despertamiento y está terminando con un ritual.
Empezamos de un modo viril, estamos terminando en la esterilidad. Los primeros miembros de la
Iglesia eran hombres ardientes y no grandes graduados. Hoy día hay muchos grados de ciencia y pocos de calor. ¡Ah, hermanos!; ¡hombres con corazones de llama son la necesidad del presente!
Los hombres de Dios necesitan ser columnas de fuego:
hombres guiados por Dios para guiar un pueblo mal dirigido. Pablos apasionados para levantar a tímidos Timoteos. Hombres de llama para brillar y encender a hombres de renombre, ganándolos para Cristo. Necesitamos hombres de oración para dirigir noches de oración. Necesitamos verdaderos profetas para advertir a las gentes de sus malos negocios, pues: «¿De qué aprovechará el hombre que ganare todo el mundo y perdiere su alma?» (Marcos 8:36).
En este tiempo del fin la actitud infantil de muchas conferencias de predicadores es una tragedia. El grito debería ser: «Tocad trompeta en Sión, santificad un ayuno, llamad a una solemne convocatoria para que los predicadores, los ministros del Señor, lloren» (Joel 2:15.17).
Comparado con un corazón que ha conocido el fuego del Señor y ha permitido que este fuego se apague, los picos helados de los Alpes son cálidos. El metal solamente se funde cuando el fuego arde; quitad el fuego y el metal será sólido. Así es con el corazón humano: sin el calor del cielo es un iceberg.
Si el Espíritu Santo está ausente del estudio del predicador, viene éste a convertirse en un laboratorio de doctrinas disecadas y dogmas sin vida. La enseñanza necesita unción, la verdad debe ser cortante, y el consuelo hiriente.
Hombres inspirados son una extremada necesidad. Los creyentes engendrados del Espíritu Santo son indispensables para esta degenerada generación. La galerna de iniquidad del tiempo del fin muy pronto apagará la llama humana; como una caña seca se rompe ante la tempestad, así se apagarán en este tiempo las débiles candelas del sectarismo carnal. Por el momento, tenemos los vientos que preceden a una gran tempestad, con las falsas religiones que invaden el mundo y los tibios cristianos incapaces de resistirlos. Advertidos de los fuegos falsos por hombres sin fuego, lo que hacemos al final es quedarnos fríos, incapaces de descubrir lo que es de la carne y lo que es del Espíritu. Los religionistas de este tiempo están levantando una nueva bandera de espiritualidad, de jactanciosa espiritualidad. Lo bueno otra vez ha venido a ser enemigo de lo mejor. (El que lea, entienda.) ¡Sonad la alarma! El conflicto se hace cada vez más agudo. Esta es la noche de gran confusión. ¡Dios ayude a las naciones arruinadas por religiones humanas, maldecidas con cultos humanos y encaminadas al abismo por doctrinas amañadas por los hombres! ¿Ha habido jamás una hora peor que ésta? Reiterados esfuerzos es el precio que tenemos que pagar al progreso.
Así como va la Iglesia va el mundo. Silos vigías duermen, el enemigo toma la ciudad. El predicador debería dedicar por lo menos un día a la semana a preparar sus sermones, y otro día a preparar al predicador para predicar los sermones preparados. La inspiración es tan misteriosa como la vida, pues ambas son dadas por Dios. La vida engendra vida por su propia naturaleza, del mismo modo que los hombres inspirados inspiran.
Necesitamos Josués para llevar al pueblo del Señor a la tierra prometida de la vida llena del Espíritu.
Como Israel, hemos escapado de Egipto y de Faraón (que en nuestro caso es Satanás), pero hemos fallado en CadesBarnea. Lo que debería ser una piedra de memoria se ha convertido en una piedra de tropiezo; lo que debería ser una entrada se ha convertido en un fin de ruta.
Cantamos: «La ciega incredulidad yerra el camino y no puede comprender las obras de Dios.» ¿Y nosotros qué? ¿Hemos salido nosotros del mundo y vamos vagando sin entrar a poseer las riquezas de Canaán?
¡Pensadlo! Por cuarenta años aquel pueblo escogido no tuvo milagros ni respuestas a la oración — nada más que fallecimientos en su lento vagar por el desierto—, y todo a causa de su incredulidad. «Los gigantes son demasiado grandes para nosotros!», fue su clamor (Números 13:
17-23). Hoy día nuestro clamor es: ¡Mirad el poder de este u otro movimiento social, medid la
fortaleza de aquel otro! Nuestra respuesta debería ser: «Señor, abre sus ojos» (2 Reyes 6:17). «¿Se ha acortado el brazo del Señor para salvar?» (Isaías 59:1). ¿Le consideraremos tan sólo como el Dios del pasado, el Dios de la profecía, pero no el Dios del presente?
El sermón de Pedro en Pentecostés fue tan inquiridor como agudo. La verdad se hizo viva: «Esto es lo que fue dicho por el profeta Joel» (Hechos 2:16). El inspirado escritor halló que «la Palabra del Señor tenía un nuevo filo para los corazones de los oyentes».
Los hombres están diciendo siempre que en estos días de prueba el pueblo cristiano necesita
consuelo. De acuerdo, muchos necesitan consuelo: los enfermos, los tristes, los doloridos. Sin embargo, no podemos dejar de comprender que guardar silencio cuando una casa está ardiendo es criminal. No es ninguna ayuda ni consuelo dejar al vecino dormir mientras vemos a un criminal entrar por la puerta con una pistola. En esta hora jamás exageraremos la figura del peligro que el mundo corre.
Ante los hombres de paja de nuestros días que se burlan de la sangre de Cristo, de la fe en su
encarnación, del fuego del infierno, ¿callaremos? Hacer esto nos haría culpables como los que vieron las legiones de César avanzar sin sonar la alarma. Las estacas son altas, pero el premio y la recompensa lo son también.
Algunos declaran que Patrick Henry hizo más en América para preparar el camino a la libertad que ningún otro hombre en la historia. Oíd su apasionado discurso en la Convención de Virginia el 23 de marzo de 1775: «LEs la vida tan querida o la paz tan dulce que tenga que ser comprada al precio de cadenas y esclavitud? ¡Que el Dios todopoderoso lo impida! Sé que no hay otro camino a tomar, pero para mí ¡dadme la libertad o la muerte!» ¿Podían Catón o Demóstenes sobrepasar esta joya oratoria?
¿Podemos nosotros traducirla a nuestro caso?
La terrible esclavitud que existe hoy en gran parte del mundo y amenaza al resto de la humanidad, no es un cuento. Aunque un sistema ateo pudiera conquistar el mundo (por terrible e inimaginable que pueda ser) hay para el hijo de Dios un peligro mucho mayor: la eternidad, para ‘los no arrepentidos, en un infierno eterno.
Quizá deberíamos aplicar las palabras de Patrick Henry en esta forma: «Es la carrera de la vida tan amable y las comodidades del hogar tan apetecibles para ser comprados con mi infidelidad y mis ojos secos sin oración? En el día final, ¿tendrán que acusarme los millones que perezcan, de mi materialismo, adornado con un os pocos textos de las Sagradas Escrituras?»
¡Que el Dios Todopoderoso lo impida! Yo no sé qué camino van otros a tomar, pero en cuanto a mi, digo: Dame un despertamiento en mi alma, en mi iglesia y en mi nación, o DAME LA MUERTE.

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Leonard Ravenhill: ” La Oracion es tan vasta como Dios”

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Los hombres llamados por Dios en tiempos antiguos tenían una sensible convicción de la enormidad e impopularidad de su tarea. Argumentando sobre su inaptitud, estos hombres, abrumados por su nación, trataron de escapar a la tarea liberadora de sus propias almas cargadas que Dios les ofrecía. Moisés, por ejemplo, trató de evadir el encargo de gobernar y guiar a Israel argumentando sobre su lengua tartamuda; pero Dios evitó su evasión supliendo un locutor en la persona de Aarón. Jeremías también arguyó que era un niño. En el caso de Jeremías (como en el caso de Moisés) la objeción humana no prevaleció. Los hombres escogidos por Dios no eran enviados a los centros de humana sabiduría para tener sus personalidades pulidas y su conocimiento agudizado, sino que Dios cogió a estos hombres y les unió a sí mismo. Si, según Oliver Wendell Holmes, la mente de un hombre obsesionado por una nueva idea no puede retroceder jamás a sus dimensiones originales, entonces ¿qué diremos del que ha oído el susurro de la voz eterna? «Las palabras que Yo os hablo son Espíritu y son Vida», dijo Jesús (Juan 6:33). Nuestra predicación está más plagada hoy día de los pensamientos prestados por cerebros muertos que del Señor. Los libros son buenos cuando son nuestros guías, pero malos cuando son nuestras cadenas.

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Leonard Ravenhill: ” La Hez del Mundo”

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¿Qué es la hez del mundo? (12 Corintios 4:13). ¿Es la polilla social de la cual nace el sindicato del crimen? ¿Es el genio del mal operando en las esferas internacionales? ¿Es Babilonia? ¿Es Roma? ¿Es el pecado? ¿Es una legión de malos espíritus que llevan este repulsivo titulo? ¿Qué es…?
Un millar de suposiciones sobre esta pregunta podría traer un millar de respuestas diferentes, todas desacertadas. La verdadera respuesta es la misma antítesis de lo que podríamos esperar. Esta «hez del mundo» no son hombres ni demonios. No es lo malo, sino lo bueno —y no solamente bueno, sino lo mejor de todo—. No es material, sino espiritual; no es de Satanás, sino de Dios. No es la Iglesia, sino un santo. No es sólo un santo, sino lo más santo de entre los santos. «Nosotros los apóstoles —dice Pablo- somos la hez de este mundo.> Luego, para añadir injuria al insulto, eleva la infamia y profundiza la humillación, añadiendo: (Nosotros los apóstoles somos) «la escoria de todas las cosas-» (1.a Corintios 4:13).
Cualquier hombre que se ha llamado a si mismo «hez de la tierra» no tiene ambiciones y, por tanto, no tiene por qué estar celoso de nada. No se atribuye reputación: por tanto, no tiene por qué pelear con nadie. No tiene posesiones: por tanto, no tiene por qué preocuparse. No tiene derechos; por tanto, no tiene razón para sufrir agravios. ¡Bendito estado! Se considera muerto; por tanto, nadie puede matarle.
En tal estado de mente y de espíritu, ¿puede alguien maravillarse de que los apóstoles transformaran al mundo? Que los creyentes ambiciosos de hoy día consideren esta actitud apostólica hacia el mundo. Que el popular evangelista viviendo al estilo Hollywóod reflexione sobre sus caminos.
Lo que dolía a Pablo más que sus ciento noventa y cinco azotes, tres apedreamientos y tres naufragios, era la crítica contenciosa y carnal de la gente de Corinto. Esta iglesia estaba dividida por rivalidades carnales —y por dinero—. Algunos habían subido a las alturas de la fama y eran los primeros comerciantes de la ciudad. Por esto Pablo les dice: «Vosotros habéis reinado como reyes sin nosotros.» Considerad los contrastes de 1.& Corintios 4:8: «Vosotros estáis llenos, sois ricos, habéis reinado como reyes sin nosotros. Nosotros somos necios por amor de Cristo, débiles, despreciados…; andamos desnudos y vagabundos (vers. 11). Somos hecho un espectáculo al mundo, a los hombres y a los ángeles.»
No era difícil para Pablo, después de todo esto, declararse a sí mismo el menor de todos, pero, luego, Pablo dirige toda esta verdad contra aquellos cuya fe había perdido su enfoque. Estos corintios estaban llenos, pero no eran libres. (Un hombre que ha escapado de su celda no es libre aunque haya podido arrojar de sí la cadena.) A Pablo no le dolía que ellos tuvieran sobreabundancia y él nada; se queja de que su riqueza les había traído flaqueza de alma. Ellos tenían comodidad, pero no cruz; eran ricos, pero no traían el reproche de Cristo. No les dice que no son cristianos, sino que están buscando un camino sin espinas para ir al cielo. Por esto añade: «Ojalá que reinarais.» Si ellos estuvieran reinando, sería porque
Cristo habría venido: el Milenio habría empezado. Y Pablo termina: «Para que nosotros reinásemos con vosotros.»
Pero ¿quién quiere ser deshonrado, despreciado, desprestigiado? Esta verdad es revolucionaria y transtorna toda nuestra corrompida enseñanza cristiana. ¿Quién se goza en ser estimado necio? ¿Es fácil ver nuestros nombres pisoteados como cosa mala? El régimen ateo rebaja a los hombres, Cristo los levanta. El verdadero Cristianismo es mucho más revolucionario que dicho sistema (aunque sin ser sangriento). Los tractores del mismo han tratado de allanar los montes de la riqueza y llenar los valles de la pobreza. Pensaron que por medio de la educación podían «enderezar los caminos torcidos», pero un Acta parlamentaria o una variación política no pueden traer el Milenio.
Pablo dijo acerca del apostolado: «Pobres, pero, enriqueciendo a muchos.» Gracias a Dios la bolsa de Simón el Mago no atrae la atención del Espíritu Santo. Si nosotros no hemos aprendido todavía cómo tratar con «el Mamón injusto», ¿cómo nos serán confiadas las verdadaderas riquezas?
Así que Pablo, un hombre social y materialmente en bancarrota, catalogado entre la «hez del mundo», pudo entender que, como hez, tendría que ser pisoteado por los hombres. Aun cuando podía
responder a los filósofos epicúreos en la colina de Marte, sin embargo, por amor de Cristo, estaba dispuesto a ser tratado como loco. En cuanto a Jesús, el antagonismo del mundo fue fundamental y perfecto.
Hermanos, ¿es esto lo que elegimos? ¿Hay algo que nos irrite más que ser clasificados entre los indoctos e ignorantes? Sin embargo, un humilde pescador escribió el Apocalipsis, que todavía confunde a los eruditos. Estamos sufriendo hoy día una plaga de ministros que se preocupan más de llenar sus cabezas que de encender sus corazones. Si un predicador tiene inclinaciones por la cultura, que obtenga sus grados antes de entrar en el ministerio, pues cuando se encuentre ocupado en una labor tan  importante, 24 horas al día no le serán suficientes para llevar los nombres de su rebaño ante el gran Pastor y prepararles su alimento. El hecho es que las cosas espirituales tienen que ser discernidas espiritualmente (no psicológicamente). Ni Dios ni sus juicios han cambiado. Todavía es su prerrogativa «esconder las cosas de los sabios y entendidos y revelarlas a los niños. Y los niños, hermanos, no tienen intelectos colosales. La iglesia de esta hora se envanece a cada momento con los altos títulos de sus ministros, pero paraos un momento antes de envaneceros en la carne. Estamos teniendo una época muy baja en nacimientos espirituales. Y el diablo no se asusta, hermano Apolos, de tu catarata de palabras
elocuentes..
La línea de demarcación entre el mundo y el Cristianismo es bien distinta y significa descrédito. Los peregrinos de Juan Bunyan, pasando por la «Feria de Vanidad», eran todo un espectáculo. Su vestido, palabras, intereses y sentido de los valores se diferenciaban enteramente de la gente mundana. ¿Son así nuestras vidas hoy?
Durante la última guerra un general inglés dijo: «Tenemos que enseñar a nuestros hombres a odiar, pues si no odian no lucharán.» Hemos oído mucho (aunque no lo suficiente) respecto al amor perfecto, pero también necesitamos conocer el «airaos y no pequéis». El creyente lleno del Espíritu aborrecerá la iniquidad, la injusticia, la fin-pureza y luchará contra todas estas cosas. Porque Pablo odiaba al mundo, el mundo odiaba a Pablo. Nosotros necesitamos también esta disposición a la oposición.
Stanley escribió su África oscura y el general Booth su Inglaterra oscura en medio de la más aplastante oposición. El primero vio los altos e impenetrables bosques con sus rugientes leopardos, sutiles serpientes y habitantes de las tinieblas. Guillermo Booth vio las calles de Inglaterra como Dios las veía, con su concupiscencia, pecado, juegos, prostitución, y levantó un ejército de Dios para combatir estas cosas. Nuestras aceras de enfrente son ahora nuestros campos de misión. No hagáis caso de la
cultura y de las buenas maneras, pues una  señora bien educada y de hablar suave puede estar tan lejos de Dios como una madre «Mau-Mau» vestida de hierba. Nuestras ciudades viven sumergidas en la impureza. Un cristiano que llena, su cerebro, noche tras noche, de cuentos de la televisión, llegará a tener un cerebro seco y un alma en bancarrota. Haría mejor de pedir a Dios que le quitara de este mundo, si está tan enamorado de esta edad licenciosa que la ceguera del pecado no arranca lágrimas de su alma.
Cada calle de nuestras ciudades es un río de borracheras, divorcios, oscuridad diabólica y condenación.
Si tomáis partido en contra de todo esto, no extrañéis, hermanos lectores, que el mundo os aborrezca.
«Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo.»
Pablo declara rotundamente: «El mundo me es crucificado a mi» Esto está fuera del alcance de los cristianos del siglo xx. El Gólgota fue testigo de multitudes que venían a ver la humillación de los malhechores que allí eran ejecutados. El lugar de crucifixión era un carnaval de burla y menosprecio.
Pero ¿quién iba a la mañana siguiente a ver las víctimas? Solamente las águilas y los buitres para arrancarles los ojos y destrozar sus costillas. El espectáculo tenía que ser repugnante. Del mismo modo, Pablo, crucificado al mundo, era repugnante para el mundo.
¿Podríamos nosotros repetir interiormente, con labios temblorosos, esta frase: El mundo me es crucificado a mi? Sólo cuando seamos de tal modo «muertos al mundo», con toda su pompa y placeres pasajeros, podremos sentir la libertad que Pablo conoció. El hecho cierto es que nosotros, los seguidores de Cristo, respetamos al mundo, sus opiniones, alabanzas y títulos. Un crítico moderno dijo que los creyentes tenemos <el oro como nuestro Dios y la ciencia como credo». (El que se enoje es que le
duele.) Sin embargo, en este mismo año de gracia conozco algunos creyentes de ambos lados del Atlántico que visten trajes de segunda mano a fin de ahorrar su dinero para la obra de Dios y que, como Pablo, se hacen necios por amor al Evangelio.
Este bendito hombre de Dios, para quien el mundo le era crucificado, era considerado como «loco».
Sin embargo, Pablo presentó de tal modo su mensaje que otros buscaron su muerte porque su «negocio corría peligro>. ¡Estos benditos apóstoles, con su santo y saludable desprecio del mundo, cómo nos avergüenzan!

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¡Dame hijos o me muero! -Por Leonard Ravenhill

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El despertamiento es imperioso para detener las puertas del infierno, abiertas como nunca en esta generación.
Necesitamos y decimos que queremos despertamiento. Sin embargo, los cristianos pulcros y superficiales del presente quisiéramos el Cielo abierto y el despertamiento realizado por el procedimiento cómodo de las máquinas que llamamos tragaperras. Pero Dios no ha mecanizado su glorioso poder para adaptarlo al embrague de la maquinaria religiosa de nuestros días.
«Deseamos que venga el despertamiento a nosotros como vino en las Nuevas Hébridas», dijo hace poco un pastor. Pero, ¡hermanos!, el despertamiento no vino a las islas del Pacífico con sólo desearlo.
Los cielos fueron abiertos y el gran poder de Dios sacudió aquellas islas porque, «frágiles hijos del polvo…, se santificaron con ayuno y convocaron una solemne asamblea» y esperaron con lágrimas, sin cansarse en sus esfuerzos ante el trono del Dios vivo. Vino aquel gran engendramiento espiritual porque Aquel que buscó una virgen pura para engendrar su Santo Hijo, halló un pueblo de virginal pureza en sus almas. Almas de visión y pasión ardiente, no tenían ningún doble motivo al orar. No había en ellos la necesidad de salvar la cara a alguna denominación decayente. Su ojo era Dios. No les movía la envidia de otro grupo de cristianos que les sobrepasara en crecimiento, sino que estaban celosos solamente por Jehavá de los ejércitos, «cuya gloria estaba en el polvo, las murallas arruinadas y las puertas quemadas con fuego».
Para atraer el derramamiento del Espíritu Santo, una iglesia fundamentalista, asentada en la Biblia, no es motivo suficiente. Existen millones de iglesias así en el mundo. Una señorita y un joven de diecisiete años pueden ser aptos para ser padres, y hasta pueden estar casados legalmente, pero ¿hace esto imperativo el engendrar? ¿Tendrán seguridad financiera para cubrir totalmente los gastos? ¿Son maduros mentalmente para educar a sus hijos? El despertamiento moriría en una semana en muchas de nuestras iglesias «bíblicas», pues ¿dónde están las madres en Israel para cuidar a los recién nacidos?
¿Cuántos de nuestros creyentes son realmente capaces para traer un alma de las tinieblas a la plena luz de Cristo? Sería tan lamentable tener nacimientos espirituales en la presente condición de algunas de estas iglesias como poner un bebé en manos de un retrasado mental.
El nacimiento de un hijo natural es precedido por meses molestia y trabajo. Así es el nacimiento de un hijo espiritual. Jesús oró por su Iglesia, pero para lograr su nacimiento espiritual se dio a Sí mismo a la muerte. Pablo oraba «noche y día.., con vehemencia» por la iglesia, y además «estaba de parto» por los pecadores. «Cuando Sion estuvo de parto engendró hijos», leemos en el Antiguo Testamento.
Aun cuando los predicadores claman semana tras semana: «Tenéis que nacer otra vez», ¿cuántos de los actuales predicadores pueden decir con Pablo: «Aunque tuviereis diez mil ayos en Cristo, no tenéis muchos padres, pues yo os engendré en Cristo Jesús por la palabra verdadera del Evangelio»? El les dio a luz. No dice simplemente que oró por ellos, sino que los hizo nacer con esfuerzo similar al de una madre que da a luz hijos. Si durante el último siglo los alumbramientos físicos hubieran sido tan escasos como los nacimientos espirituales, la raza humana casi se habría extinguido. Tenemos que orar para vivir la vida cristiana, decimos: pero la verdad es que debemos vivir la vida cristiana para orar de veras.
«Si estuviereis en Mí. ., pedid> (o sea, orad). Ya sé que pedir incluye solicitar a Dios la salvación de nuestros amados. Pero orar es más que pedir. Orar es ponernos a nosotros mismos bajo el dominio del Espíritu Santo a fin de que El pueda obrar en y por nosotros aquello que le pedimos: 
En el primer capitulo del Génesis vemos que cada cosa creada con vida produce fruto según su especie. Del mismo modo, las almas realmente regeneradas deben producir otros regenerados.
A los evangelistas se nos atribuyen muchos éxitos que no son realmente nuestros. Hay una mujer en Irlanda que ora horas. enteras. Cada día ora por este pobre «martillo de Dios» que escribe estas líneas.
Muchos cristianos me han dicho: «No pasa ningún día que no ore por usted> Estos cristianos han engendrado muchas almas que se me atribuyen a mí, mientras que yo no soy sino la comadrona de tales nacimientos espirituales. A veces pienso que los predicadores que más atraen los ojos del público serán los menos recompensados. Por ejemplo, conozco predicadores que predican hoy sermones que predicaron veinte años atrás, los cuales antes fueron fructíferos y hoy no. ¿Por qué? Estos predicadores oraban años atrás, hoy apenas lo hacen. Uno me dijo: «Es cierto, hermano, que ahora no oro tanto como lo hacia antes, pero el Señor ya lo comprende.» ¡Ah!, sí, El comprende, pero no nos excusa por estar más ocupados que lo que El quiere que estemos.
Es verdad que la ciencia ha aliviado algunos de los sufrimientos de nuestras madres al dar hijos al mundo, pero la ciencia nunca podrá suprimir los largos meses de embarazo. Del mismo modo, nosotros los predicadores hemos hallado medios fáciles de conseguir que la gente se levante para aceptar a Cristo, o que demuestren sus deseos de ser llenos del Espíritu Santo. Se dice a la gente que sólo levanten el brazo, y que lo hagan pronto. Los gemidos de arrepentimiento al pie del altar han sido eliminados. Para ser llenos del Espíritu Santo —se dice a la gente—, poneos tan sólo de pie donde estáis y el evangelista orará por vosotros y seréis llenos. ¡Qué vergüenza! Hermano, antes de que tenga lugar el milagro del verdadero avivamiento y el nuevo nacimiento de almas, son necesarios los dolores de parto.
La venida de un bebé al mundo transforma el cuerpo de la madre. Así el crecimiento del cuerpo de un avivamiento transforma la iglesia. La futura madre se siente más y más pesada a medida que se acerca el tiempo del nacimiento. A menudo pasando horas de desvelo, pero no noches sin lágrimas, en el terreno espiritual, las lámparas del santuario han de quemar a medianoche mientras angustiados intercesores derraman sus almas por las necesidades de la nación. La futura madre, a menudo, pierde el deseo de comer, y por amor al que ha de nacer se niega ciertas cosas. La negación de comida y un amor que consume se apodera de los creyentes, que se avergüenzan de la esterilidad de la iglesia. Cuando las mujeres están embarazadas se ocultan de las miradas públicas. (Así, por lo menos, lo solían hacer.) Del mismo modo, en el terreno espiritual, cuando se acerca el despertamiento los que han de dar a luz nuevas almas se ocultan de la publicidad y buscan el rostro del Dios santo.
Es evidente que Jacob amaba a Raquel más que a Lea:
sin embargo, la mujer preferida era Lea, porque le había dado hijos. Considerad cómo Jacob sirvió 14 años por Raquel; sin embargo, aquella espléndida devoción no fue ningún consuelo para la mujer herida de esterilidad. Sin duda, Jacob demostró su amor cargándola de joyas como era costumbre en aquellos días; pero las fruslerías externas no la consolaban, y aunque Raquel era hermosa de vista, su esterilidad no hallaba compensaciones en su hermosura o en la admiración de otros. La terrible verdad era que Lea tenía cuatro sonrientes niños alrededor de sus faldas, pero de la estéril Raquel se burlaban hombres y mujeres. Puedo imaginarme a Raquel con los ojos rojos de llorar, más que los de Lea, y con su cabello desordenado, desesperada por su esterilidad, clamando con un gritó penetrante: «Dame hijos o me muero!» (Génesis 30:1). Este grito hería el corazón de Jacob más que una espada clavada en su carne.
Para espiritualizar esto diremos que su oración no era de rutina, sino de desespero, pues había sido herida de dolor, llena de vergüenza y humillada por su esterilidad.
Predicador, si tu alma es estéril, si las lágrimas están ausentes de tus ojos, si los convertidos están ausentes de tu púlpito, no te conformes con tu popularidad, rehúsa el consuelo de tus títulos o de los libros que hayas escrito. Sinceramente, apasionadamente, invita al- Espíritu Santo a inundar tu corazón de dolor porque eres espiritualmente incapaz de traer hijos espirituales. ¡Oh el reproche de nuestros altares estériles! ¿Crees que el Espíritu Santo se deleita en nuestros órganos eléctricos, nuestros pasillos alfombrados y nuevas decoraciones, si los altares están vacíos? ¡De ningún modo! ¡Oh, que el silencio de muerte del santuario pueda ser roto por el bendito grito de recién nacidos a la vida espiritual!
No hay reglas fijas para el despertamiento. Aunque los bebés nacen en todas partes por el mismo proceso, ¡ cuán diferentes son entre sí! ¡ No hay copias exactas! Por el mismo proceso de dolor del alma y rendida oración  a causa de la esterilidad es que se han producido todos los despertamientos en todas las edades. Pero ¡ cuán diferentes han sido tales despertamientos!
A Jonathan Edwards no le faltaban congregaciones, y no tenía apuros financieros, pero el estancamiento espiritual le aterrorizaba. La vergüenza de la derrota en cuanto a conversiones es lo que doblegó sus rodillas e hirió su espíritu de tal modo que estuvo sollozando en silencio ante el Trono de Misericordia hasta que el Espíritu Santo vino sobre él. La Iglesia y el mundo conocen la respuesta de sus victoriosas velas. Los votos que hizo, las lágrimas que derramó, los gritos que salieron de su boca, todo está escrito en el libro las Crónicas de las cosas de Dios. Del mismo modo, Zinzendorf, Wesley, etc., que fueron sus parientes espirituales, pues hay una aristocracia del Espíritu como la hay de la carne.
Tales hombres despreciaron los honores de familia y buscaron tan sólo ser honrados por el Espíritu Santo.
Las historias políticas y militares cuentan con grandes individuos. La historia está tapizada con nombres de hombres que se invistieron de poder de una manera u otra, hasta el – punto de hacer temblar al mundo. Pensad en el genio maléfico de Hitler. ¡Cuántos reyes destronó, cuántos gobiernos derribé, cuántos millones de tumbas llené! Fue, en nuestra edad, un azote mayor que las diez plagas de Egipto.
La Biblia dice que en los últimos días, cuando los hombres obrarán impiamente, <el pueblo que conoce a su Dios se levantará y hará heroísmos». No son aquellos que cantan acerca de Dios ni los que escriben y predican acerca de Dios, sino los que conocen a su Dios, los que —serán fuertes para realizar cosas heroicas. El hablar acerca de comida no llena el estómago, ni el hablar de ciencia hace sabios: ni el hablar de las cosas de Dios significa que las energías del Espíritu Santo están en nosotros. Hacemos bien en señalar el hecho de que el despertamiento viene como resultado de una sección de la iglesia limpia, humillada e inclinada con súplicas de intercesión. En vista de la edad presente, llena de falsas religiones y herida con la visión de millones de almas que perecen, vale la pena que los suplicantes esperen días, semanas, hasta meses, que el Espíritu se mueva y los cielos se abran con un bendito despertamiento.
Las mujeres de la Biblia que habían sido estériles fueron las que trajeron hijos más nobles. Sara, estéril hasta los 90 años, engendró a Isaac. Raquel, cuyo doloroso grito: «Dame hijos o me muero!», fue atendido, engendró a José, quien libré la nación. La mujer de Manoa dio a luz a Sansón, otro libertador de su patria. Ana, una — mujer quebrantada, que sollozaba en el santuario y hacía votos en una oración incesante que causó, por ignorancia, el reproche de Elí, estaba derramando su alma ante Dios ¡ y recibió como respuesta a Samuel, que vino a ser el gran profeta de Israel. La estéril viuda, Ruth, hallé misericordia y dio a luz a Obed, quien engendró a Jessé, el padre de David, de cuya descendencia vino nuestro Salvador. De Elisabet, estéril por muchos años, vino Juan el bautista, de quien dijo Jesús mismo que no ha habido otro profeta más grande entre los nacidos de mujer. Si la vergüenza de la esterilidad se hubiese apoderado de estas mujeres, ¡ qué hombres más poderosos habría perdido la historia!
Como el niño concebido da pronto señales de vida saltando dentro del seno de la madre, así es con el despertamiento. En el siglo xvi, Knox parodié el grito de Raquel:
« ¡ Dame Escocia o me muero! » Knox murió; pero mientras Escocia viva le recordará. Zinzendorf tuvo un gran dolor y vergüenza por el estado infructífero y sin amor de los moravos. 0r6 ardientemente hasta que el Espíritu Santo trajo de repente un gran despertamiento. El día 13 de agosto de 1737, a las 11 de la mañana, empezó el despertamiento moravo en una reunión de oración que ha durado doscientos años, pues de aquella reunión vino un movimiento misionero que ha alcanzado los fines de la tierra.
La Iglesia de nuestros días debería estar embarazada de apasionada propagación, mientras qué lo que está es embarazada con una débil e ineficaz propaganda. Sin duda, los métodos de dar a luz han cambiado con los adelantos de la ciencia; pero decimos otra vez que la ciencia y nuestros bien apreciados doctores no pueden evitar los nueve meses de embarazo. Hermanos, estamos perdidos por falta del elemento tiempo. El predicador y la iglesia demasiado ocupados para orar, están más ocupados que lo que el Señor quiere. Si se entregaran a la oración a tiempo, tendrían almas en el tiempo. Si reconocemos nuestra impotencia espiritual e invocamos su nombre, El hará brillar nuestra luz como la luz del día. La iglesia tiene montones de consejeros, pero ¿dónde están los intercesores hasta la agonía?
Las iglesias que se alaban siempre de sus grandes auditorios tienen que admitir su bajo nivel en cuanto a nacimientos espirituales. Podemos acrecentar nuestras iglesias sin acrecentar el Reino de Dios. Conozco una familia en la cual todos los hijos son adoptados, y muchos de nosotros, los predicadores, tenemos más hijos adoptivos que naturales. El enemigo de la multiplicación es el estancamiento. Cuando los creyentes a los cuales faltan nacimientos se sientan apesadumbrados y la esterilidad espiritual nos abrume, latiremos con santo temor y oraremos con santo fervor y se producirá fertilidad santa. En el despacho de Dios no hay días de pago, pues el precio del despertamiento es siempre el mismo: dolor de parto.
Seguramente esta raza arruinada requiere un despertamiento. Estoy totalmente persuadido de que hay quienes en las horas de insomnio de la noche, pensando en su esterilidad espiritual, se apoyan en la soberanía de Dios diciendo: «Cuándo El quiera darnos un despertamiento, él despertamiento vendrá.»
Esto es tan sólo media verdad. ¿Queréis decir que Dios está complacido de que 83 personas por minuto mueran sin Cristo. ¿Habéis descendido a creer que el Señor quiere que muchos perezcan? ¿Os atreveréis a decir —lo que me parece una blasfemia— que cuando Dios decida levantar su pie y esparcir a sus enemigos vendrá la visitación? De ningún modo. Citad un versículo parcialmente y haréis decir a la Biblia lo que queráis: por ejemplo: «Dios es poderoso para hacer, abundantemente, más de lo que pedimos o entendemos», pero se paran aquí, en «Dios es poderoso para hacer», y no se preocupan del resto del versículo. Este versículo, mal citado, deja la falta de despertamiento en las gradas del trono de Dios;
pero terminad el texto: «El es poderoso para hacer según el poder que obra en nosotros.» Así termina el versículo, y significa que el canal para el despertamiento puede estar bloqueado. Significa que Dios no puede hacer en esta edad lo que hizo en otras, a causa de la falta de poder que hay en la iglesia. La falta de despertamiento es nuestra falta.
Finney dijo: «Dios está dispuesto a enviarnos un despertamiento, y podemos tenerlo según el poder que obra en nosotros.» La promesa es: «Recibiréis poder del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros.»
Este no es poder simplemente para hacer milagros, pues antes de Pentecostés los discípulos hicieron milagros, recordad que echaron demonios. No es solamente poder para organizar, poder para predicar, poder para traducir las Escrituras, poder para entrar en nuevos territorios. . – Todo esto es bueno, pero ¿tenemos poder del Espíritu Santo para derribar las fortalezas del diablo y obtener las promesas de Dios?
Delincuentes amados serán condenados si no han sido librados del dominio del diablo. El infierno no tiene otra cosa peor a temer que una iglesia ungida con el poder de la oración.
Queridos hermanos, desechemos todas las nimiedades, olvidémonos de los distintivos denominacionales y entreguémonos a oración continua y al ministerio de la Palabra, «pues la fe viene por el oír». Avergonzados por la impotencia de la Iglesia, entreguémonos a nosotros mismos a la oración continua y al ministerio de la Palabra, «pues la fe viene por el oír». Doloridos por el monopolio que el diablo tiene sobre las almas, gritemos con espíritus torturados, y digámoslo de verdad: «Dame hijos o me muero!» Amén.

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